viernes, 19 de febrero de 2010

“Y dijo el Hombre: «Hagamos a Dios a nuestra imagen y semejanza»”. Una aproximación a la teología de Anselm Grün - P. Gabino Tabossi

“Y dijo el Hombre: «Hagamos a Dios a nuestra imagen y semejanza»”
Una aproximación a la teología de Anselm Grün
P. Gabino Tabossi



Entre los libros católicos de mayor tiraje y venta actualmente en Argentina aparecen, sin dudarlo, aquellos que llevan la firma del monje benedictino Anselm Grün.

Al mismo tiempo, un reconocido psicoanalista discípulo de Freud llamado C. G. Jung ha sido quien, al decir congratuladamente del mismo Grün, le “brindó confianza” en su camino espiritual e influyó notablemente en la elaboración de su teología. Por eso para conocer a fondo -tal como pretendemos en estas pocas páginas- el pensamiento del monje alemán será necesario urgar primero en las ideas fundantes de Jung en lo que atañe a la teología. Sólo así se nos hará posible entender más claramente las afirmaciones y conclusiones de Grün, que, como veremos, no son más que proyecciones en el campo de la teología católica de las tesis del psicoanalista gnóstico.


I. CARL GUSTAV JUNG[1]


1. Relativismo religioso

Veamos algunas frases disparadas por Jung[2]:

“Si yo dijera «creo en tal o cual Dios» esto sería insignificante; (...) mis modelos psicológicos de comprensión están fuertemente apoyados por las representaciones colectivas de todas las religiones y no veo porqué una confesión debería poseer la verdad, única y perfecta”.

Indicar las Tres personas de la Trinidad no hacen

“más que indicar la existencia de un arquetipo activo que no opera en la superficie [sino en el inconsciente] y permite de esta forma a las Tríadas constituirse”.

Para Jung la Trinidad cristiana es el símbolo arquetípico que encuentra representaciones análogas en otras civilizaciones, tales como la babilónica, la egipcia y la platónica. Según él la revelación consiste en

“una disposición que entra en acción en un momento determinado de la evolución del espíritu humano disponiendo los datos de la conciencia en figuras particulares; dicho de otro modo, ordenando las representaciones divinas en tríadas y trinidades”.

Los Padres [de la Iglesia] que han elaborado el dogma de la Trinidad no lo han hecho consciente y voluntariamente, sino bajo la influencia inconsciente del arquetipo que, en otras épocas y en otras civilizaciones, ha dado lugar a otras expresiones simbólicas de forma triádica”.

Vale decir: como la Trinidad no es real sino que “representa” una concepción divina particular formada en un determinado momento histórico-cultural y no por eso más importante que otras concepciones religiosas -concebidas en otras circunstancias-, su auténtica consistencia onto-psicológica universal sería, para Jung, el hecho de que el Dios cristiano muestra de un modo nuevo -aunque no superior- la misma realidad que de otro modo se revela en otras religiones. He aquí su definición de Dios:

“Para mí [Dios] es la energía psíquica en general, la líbido quien crea la imagen de la divinidad utilizando los modelos arquetípicos, y el hombre en consecuencia rinde honor a la fuerza activa en él. Llegamos así a la conclusión de que la imagen de Dios sería ciertamente un fenómeno real, pero en primer lugar subjetivo”.

La figura de Dios es en primer lugar una imagen psíquica, un complejo representativo de naturaleza arquetípica que la fe identifica con un «ens» metafísico”.

Lo que ha hecho el cristianismo, argumenta, fue ordenar en la conciencia en forma de tríada (P-H-E.S.) el material inconsciente, y tal proyección a la esfera de la conciencia puede representar, dice Jung, las distintas etapas del desarrollo de un individuo: así el Padre representa el estado de conciencia en el cual todavía se es un niño y no se percibe la autonomía; el Hijo es el estado en donde hay diferenciación respecto del Padre y mayor independencia, es el Sí-Mismo que incluye en sí tanto lo conciente como lo inconsciente, la infancia y la madurez; y el Espíritu Santo es, dice, el estado en el que la conciencia, alcanzando un nivel de máxima autonomía, se siente apta para alcanzar la paternidad junto con la filiación; donde la persona ya se siente capaz de llegar a ser, además de hija, padre o madre. El Dios cristiano es para Jung una proyección de la psique evolutiva; y por lo tanto un invento humano.

“Toda imagen de Dios es más o menos antropomórfica”,

escribe Jung, tal como lo dijeran Feuerbach, Marx y su maestro Freud.

Adviértase que en tal planteo la trascendencia se hace inmanencia desde el momento en que Dios deviene una proyección psíquica, y la gracia, energía sublimada del material libidinoso.


2. Cuaternidad divina

Jung rechaza la definición patrística del mal como privatio boni, privación de bien. El mal puro, decimos los cristianos, no existe, así como tampoco existe la nada: “la nada nada es”. Sin embargo constatamos a diario el mal del mundo por lo que nos vemos obligados a decir que todo mal posee algo de bien en cuanto que es ser, en cuanto que es un cierto acto. La falta de actualidad o perfección ontológica (en todos los seres) y moral (en los seres libres) hace que ese ser particular adquiera características negativas, se haga imperfecto, malo, aunque no absolutamente. Pues bien, Jung rechaza esta noción de mal porque dice que si hablamos judicialmente de algo como “bueno” significa que también deberíamos hacerlo, en un mismo plano óntico, al referirnos a lo “malo” como tal. Si el bien es acto, el mal también lo es. De lo contrario la oposición mal-bien es una concesión lingüística abusiva al colocar los términos del binomio en un mismo nivel ontológico, siendo que, según tradicionalmente se ha enseñado -dice críticamente Jung- el bien posee mucha más realidad óntica. Para hacer justicia al uso de las palabras y a la certeza de los juicios al hablar de cosas “malas” lo mismo que de las “buenas”, el psicoanalista propone conferir sustancialidad metafísica al mal, lo mismo que hacemos respecto del bien. Es decir, que si el bien es sustancial también lo debe ser el mal. De lo contrario

“el bien se tornaría fantástico puesto que no se defendería contra un adversario real, sino solamente contra una sombra, contra una «privatio boni» “.

Jung cree que la figura cristiana del Diablo (de bondad ontológica, por ser criatura, pero sin bondad moral) es esta figura de la cual él habla. Sin embargo a esta cualidad positiva que el Diablo tiene por ser criatura de Dios, y por tanto metafísicamente buena, el psicoanalista le confiere bondad moral, confundiendo así el plano del ser con el del hacer, o el del acto primero con el del acto segundo. El Diablo es bueno, porque el Diablo en definitiva no es otro que una imagen o rostro de Dios, de su misma categoría.

“Esto conducirá directamente a ciertas concepciones gnósticas según las cuales el Diablo o Satanás sería el primer hijo de Dios, mientras que Cristo sería el segundo. Como otra consecuencia lógica, tendríamos la supresión de la fórmula trinitaria que sería reemplazada por una cuaternidad”.

Jung resucita “concepciones gnósticas”. Recordemos que la herejía gnóstica, muy fuerte en los primeros siglos del cristianismo, defendía entre otras cosas la idea de un doble principio de igual entidad y poder, el dios del bien por un lado y el dios del mal por otro. Incluso llegaban a identificar al primero con la idea de dios del Nuevo Testamento y al malo con la imagen que de él nos ofrece el Antiguo.

Este dualismo gnóstico y luego maniqueo hará creer que el mal está en el bien, y que Dios -que ahora comparte su poder con una fuerza negativa- es al mismo tiempo su propio adversario.

“La especulación religiosa no ignora en modo alguno el doble aspecto del Padre. (...) La unidad primera de los contrarios se reconoce en la unidad primera de Satán con Yahvé”.

Dios es por tanto una realidad dialéctica, una complexio opossitorum, una unión de los contrarios. Se ve aquí el influjo del idealismo hegeliano en Jung. Para Hegel, como para nuestro psicoanalista, el alma del mundo y el motor de toda la realidad -Dios inclusive- es la necesidad de la contradicción, y por tanto de la negación y de la muerte. El mal moral (pecado) ya no es un obstáculo para la comunión con Dios, porque en la misma unidad “Satán es lo mismo que Yahvé”.


3. Cristo

Teniendo Satán su lugar propio en el seno del Padre, comparte la filiación con Cristo, “hijo segundo de Dios”. La separación entre Cristo y Satán ocurre, dice Jung, en la Encarnación. Separación que no suprime la equivalencia, porque mientras que Cristo encarna lo Luminoso de Dios, el Diablo asume su parte oscura. Cristo es una proyección psicológica del Sí-Mismo del ser humano, es decir, de la totalidad de la persona: conciencia e inconsciencia, bondad y maldad, luz y oscuridad, gracia y pecado. Para conocer a Cristo

“es necesario entonces que nazca del otro lado [de Cristo] un elemento malo, «chtoniano», a saber, el anticristo”,

que es la parte indisociable de Jesús, su otra mitad, su sombra necesaria.

Respecto de la historicidad de Cristo Jung se muestra muy poco preocupado:

“No sabemos hasta qué punto esta imagen corresponde a la realidad histórica. Si era el Logos y el Cristo eternamente viviente, nosotros no lo sabemos. De todas formas no tiene importancia, ya que la imagen del hombre-Dios está viva en cada uno de nosotros y encarnada (esto es, proyectada), en el hombre de Jesús, a fin de manifestar su forma visible para que los hombres puedan reconocer en él su propio «homo» interior, su propio Sí-Mismo”.

Cristo es, lo vemos, la encarnación de la proyección del Sí-Mismo, un evento no histórico sino psíquico; de allí que los sucesos narrados sobre su vida son, por la misma razón, de carácter no-histórico. La resurrección, por ej., es un “acontecimiento psicológico”, en cuanto que

“expresa el hecho de que nuestra totalidad psíquica [el Sí-Mismo] se extiende más allá de los límites del espacio y del tiempo”.

Porque nada sabemos de la historicidad de Jesucristo a causa de su causa no histórica sino psicológica, en cuanto encarnación de aquello de una parte (la parte luminosa) que abarca la totalidad psíquica de la persona, y porque además Jesús es para los cristianos la representación heroica, tal como en otras culturas se concibió de manera mitológica la imagen arquetípica del héroe, Cristo terminará siendo alguien no muy distinto de Mitra, Phenix, Mana o Mercurio, distintas expresiones particulares concientes de una misma actividad arquetípica inconsciente subyacente en el sustrato psicológico de toda la humanidad, llamado “inconsciente colectivo”.

“Jesucristo se ha convertido en esta figura colectiva que aguarda el inconsciente contemporáneo, y he aquí porqué es vano [saber] quién es él y cómo es en realidad”.

Cristo no es, sino que simboliza o representa. Representa una realidad antropológica que en otras culturas y civilizaciones ha adoptado otra denominación, llámese Osiris, Fénix, Mitra, Adonis o Mana, por ej. La imagen arquetípica del “héroe”, presente en todas las religiones en cuanto proyección del inconsciente de la humanidad, tiene su paralelo no menos subjetivo en la persona de Jesús.

Ahora bien: Cristo, sin embargo, no es para Jung un arquetipo más de los tantos que ofrece el inconsciente colectivo. Él es la encarnación de una parte del Sí-Mismo. ¿En qué consiste este Sí-Mismo?. Según Jung, esta realidad representa la totalidad del hombre, que incluye tres partes: el yo conciente, el inconsciente individual y el inconsciente colectivo (dentro del cual se hallarían los distintos arquetipos y que manifiesta lo más trascendente y perfecto del hombre). Siendo totalidad absoluta, el Sí-Mismo comprende tanto lo luminoso como lo tenebroso. Lo primero tiene su representación visible en Cristo mientras que lo oscuro, no del todo distinto de la luz, pertenece al Anticristo.

Dado que Cristo sólo asume una parte del Sí-Mismo (lo positivo), Él, dice Jung, no es total, no es perfecto sino que más bien es una proyección o imagen menos acabada de una realidad total o divina, el Sí-Mismo. El hombre ya no es imagen de Dios, sino que, al contrario, Dios en cuanto Hijo encarnado es una imagen del hombre, una manifestación no plena (por carecer de lo negativo) de un sustrato psíquico humano. Cristo es una proyección o “participación” imperfecta de un modelo más perfecto, el hombre. Y es imagen imperfecta ya que

“el símbolo de Cristo está privado de totalidad en tanto que no incluye el aspecto oscuro de las cosas, sino que lo rechaza expresamente como adversario luciferino”.

La imperfección de Cristo, aduce el autor, se ve en su Encarnación, al nacer de una Virgen (es decir, de alguien no manchada) y al ser concebido sin pecado original. Nótese aquí que la santidad es sinónimo de imperfección y la dialéctica (bien-mal, luz-tinieblas), en cambio, acabamiento y completud. El Sí-Mismo es unión de los contrarios y puesto que Jesús es tan sólo presencia de lo luminoso de Dios su plenitud se dará recién cuando a Él se una su contrario, el Anticristo. En ese momento tendremos la perfección y la proyección plena de la totalidad humana psíquica expresada en el Sí-Mismo.


4. La “teología negativa” tradicional y la teología negativa hegeliana y jungiana

Decíamos supra que Jung se resiste a absolutizar el cristianismo por cuanto no ve en él más que una forma de manifestación del inconsciente colectivo y sus arquetipos en un determinado momento histórico. Podríamos preguntarnos, buscando benévolamente conciliar su teología con la teología tradicional, si en tal negación de la materialidad histórica de Cristo y la revelación en cuanto realidad sensible no podríamos ver un paralelo con la teología negativa -llamada “apofática”- elaborada por los Padres de la Iglesia, sobre todo a partir de Dionisio Areopagita; ¿es lícito el paralelismo?.

Explicamos brevemente la teología negativa tradicional. Los Padres de la Iglesia al hablar de la vida mística o del itinerario espiritual del alma a Dios han insistido en la necesidad de remover toda representación sensible o imaginaria que podamos tener de Dios para llegar a lo que ellos llaman la “vía negativa”, la “nada apofática”, que consiste en la cancelación de todo lo creado (imágenes, ideas, sentimientos) cuando nos referimos a Dios para evitar caer así en una reducción de Dios a categorías humanas. Dios no es el ser, tal como conocemos sensiblemente el ser; Dios no es amor, según nuestro modo humano de experimentarlo; Dios no es la verdad, de acuerdo al modo humano de aprehenderla. Dios no es nada de esto porque todo lo que nosotros conocemos, por espiritual o elevado que sea, es limitado y finito, propio de nuestro entendimiento no divino y acotado, por los demás, a categorías histórico-sensoriales. Dios absolutamente trascendente y omnipresente está, por lo tanto, más allá de todo lo creado, más allá de toda idea, infinitamente más allá de toda humana representación. “Remover” negativamente significa, pues, negar lo finito para llegar, por vía de eminencia o de afirmación, a Dios en cuanto realidad que positivamente abarca y trasciende todas las cosas. Dios no es este ser, sino el Ser en su absoluta completud. La negación (“no es eso”) se hace finalmente suma afirmación (“es infinitamente más que eso”). Hasta aquí la teología negativa.

Pero nótese que no es esta negatividad de la “remoción” la que pretende transmitir el discípulo de Freud. Habida cuenta de la falta de fe cristiana en el autor, aquella misma fe que, al llevarnos a aceptar la historicidad de Cristo en razón de la autoridad de quien revela y en virtud de cuya aceptación no nos es lícito despojarnos del todo de tales manifestaciones históricas, so pena de perder la fe (que además de espiritual posee un contenido histórico-terrenal); habida cuenta -digo- de esta falta de fe en Jung, advierta el lector que lo que él propone es justamente todo lo contrario de la teología apofática o negativa de los santos Padres. Porque mientras que en esta lo que se busca es evitar la tentación siempre latente de reducir la trascendencia a la inmanencia, negando en Dios características sensibles para concluir en una afirmación trascendente y absoluta de la divinidad, Jung en cambio, allende a reducir lo divino a lo humano o la teología a la psicología (Cristo definido según una categoría psicológica, la del Sí-Mismo), además, y esto es lo peor, propone como camino espiritual la inclusión del elemento negativo (el no-ser o la nada) para llegar a una total identificación con la Cuaternidad (Padre, Hijo, Espíritu Santo y Satán), introduciendo la misma maldad en la divinidad. Algo del todo impensable en la teología tradicional. Porque decir, con la tradición, que “Dios no es este ser” no significa en absoluto decir que Dios o el Ser sea su contrario o su contradictorio.


5. La ética jungiana

Jung relativiza todo. Lo hace cuando habla del

valor relativo del bien y del no valor relativo del mal”;

y cuando enseña que

“lo que es virtud para uno puede ser considerado vicio para otro, lo que es bueno para uno para otro puede ser veneno”.

Puesto que el bien es relativo no debe ser buscado con carácter de exclusividad, como tampoco el mal engloba en sí la integridad de lo absoluto. Bien y mal, santidad y pecado, Iglesia y mundo deben coexistir en el individuo y en la sociedad para lograr de esta manera la ansiada superación de los contrarios.

Este principio ético-sociológico, recordemos, es un derivado moral de su psicologismo. En efecto, como lo más absoluto y divino en el hombre es el Sí-Mismo, en el que se integra la totalidad de la persona (conciencia, inconsciencia individual y colectiva), todo proceso ético debe buscar la mayor configuración y radicalización del Sí-Mismo, para lo cual es absolutamente necesario lograr la inclusión del pecado como instancia superativa, como camino de perfección.

“La individuación comienza con la toma de conciencia de la sombra”,

y continúa con la integración del mal como parte del Sí-Mismo. Esta inclusión como fin de la individuación es algo bueno, dice Jung,

“porque nos libera del conflicto de los opuestos que sería de otro modo insoluble”.

Para liberarse del conflicto se requiere de la aceptación, la resignación y necesidad del pecado. No muy distinto a la enseñanza luterana: como la naturaleza está corrompida, sólo la redime (salvándose) aquél que la vivencia. Se trata, en síntesis, de superar el conflicto y crecer en perfección a través de la osadía de la transgresión.


II. DE JUNG A GRÜN


1. Las principales influencias literarias en Grün

El monje benedictino se siente deudor de Jung y de su doctrina:

He leído toda la obra de C. G. Jung además de muchos otros libros de Peter Schellenbaum, John Bradshaw y Ken Wilber. Precisamente la psicología transpersonal que vincula las experiencias místicas con la psicología actual, me interesa e inspira para comprender e interpretar de una manera nueva los textos místicos” (J. PAULAS - J. SEBEK, Anselm Grün, reportaje comprometido, Bonum, Bs. As., 2003, 78).

Es decir que siguiendo a Jung y su psicoanálisis, Grün interpreta los textos de los más reconocidos autores místicos de la Iglesia, empezando por Jesucristo y la Sagrada Escritura. He aquí dos ejemplos, uno del A. T. y otro del N. T. :

“Mientras Abrahám utiliza a su mujer para conseguir un determinado objetivo, ésta no le puede dar ningún hijo. Sólo cuando tres hombres visitan a Abrahám [tres hombres misteriosos en los que la Tradición eclesial ha visto una imagen profética de la Trinidad] y le regalan su protección, queda capacitado para recibir de Sara un hijo. (...) [Hoy día] son muchos los hombres que sufren de impotencia. Abrahám necesita de energía masculina de tres hombres para hacerse fecundo. De igual modo, los hombres necesitan la comunión con hombres que les protejan, que les transmitan su propia fuerza”.

“(...) El sacrificio de Isaac por parte de su padre se puede interpretar de diversas maneras. Una interpretación sería esta: quien ordena a Abrahám sacrificar a su hijo no es Dios, sino la enfermiza imagen que Abrahám tiene de Dios. El ángel del Señor le impide el sacrificio. Le da a conocer otra imagen de Dios.

Pero la escena puede entenderse también desde un punto de vista psicológico. Desde esta perspectiva, la historia refleja la oculta tendencia de muchos padres hacia la aniquilación de su propio hijo. (...) Abrahám piensa que Dios le está pidiendo el sacrificio de su hijo. Con Dios justifica él su agresividad en relación con el hijo” (ANSELM GRÜN, Luchar y amar, San Pablo, 2006, 32-36).


Abrahám, según esta pésima lectura, es un “padre de la fe” que deja mucho que desear, porque ni es buen padre ni tiene tanta fe. En efecto, su relación con su hijo es despótica y, la que tiene con Dios, neurótica y ficticia. Por lo demás creemos que tal interpretación, además de psicologista, es poco ecuménica: ¡que no se enteren nuestros hermanos mayores que un católico trató de enfermo y desquiciado al progenitor del judaísmo!.

Vayamos a un episodio del Nuevo Testamento. En su librito “Incertidumbre” (Ed. Guadalupe, Navarra, 2003, 37-48), comentando el milagro que aparece en Mc. 9, 14-28 cuando Jesús cura, por pedido de un padre, al hijo poseído que “echaba espuma por la boca” (v. 18, 20), dice Grün que ese espíritu en realidad es la represión del hijo que no puede manifestar sus deseos de rechazo hacia su padre y cuya causa es la misma proyección de un padre hostil que transfiere hacia su hijo. Si el hijo está así es por la culpa de su padre que no lo entendió, que no lo apoyó, que no lo valoró como hijo, que no tuvo fe en él; para lo cual se apoya en el v. 24 del relato, donde reconoce el padre tener poca fe -por lo que le pide a Jesús que se la aumente-: nuestro comentarista dice que esa poca fe es en realidad la poca confianza del padre hacia su hijo.

La rigidez que padece el poseído (v. 18) es, dice, “la de quien durante años ha reprimido sus represiones” mientras que el agua y el fuego que el demonio utilizaba para acabar con él (v. 22) deben ser interpretados psicoanalíticamente: el “fuego” sería la pasión y la sexualidad y “agua” el inconsciente. Toda vez que la persona -argumenta Grün- reprime su sexualidad y la sepulta en el inconsciente, este se venga contra él, ahogándolo y quemándolo. “Esto indica -anota el monje- que aún vivimos muy inconscientemente, que no estamos en contacto con muchas cosas que viven dentro de nosotros. El inconsciente puede convertirse en una corriente devastadora en la que nos podemos ahogar”.

Otras musas inspiradoras para nuestro autor han sido teólogos vanguardistas del progresismo y filósofos como Bloch y Gadamer, marxista el primero y hermeneuta heideggeriano el segundo quien, al endiosar el lenguaje derivado de la conciencia, la cual a su vez está condicionada por la historia, termina por identificar lo real con el ser percibido en la conciencia. Como para Gadamer y los modernos hermeneutas “el modo de preguntar determina el modo de responder”, el horizonte contextual del sujeto termina siempre determinando la percepción del ser y la captación de la realidad. La verdad no existe en sí, sino en mí, y eso lo proyecto a través de mi pregunta.

Rahner fue un autor que me interesó especialmente. Leí sus escritos y en mi examen doctoral escribí sobre él. Durante ese tiempo también leí una serie de libros psicológicos y comencé con la lectura de C. G. Jung. (...) Leí asimismo autores evangélicos. (...) También a Hans Küng[3] y a Urs von Balthasar. Me importaba más la correcta interpretación del cristianismo que las exigencias morales. Leí también a filósofos como E. Bloch y H. G. Gadamer que enriquecieron mi teología.

Con respecto a Teilhard de Chardin
[4] yo no solo lo apreciaba por sus esfuerzos por vincular las ciencias naturales a la teología; también creó -a mi entender- una teología mística que tiene su fundamento en una nueva relación con la creación” (Anselm Grün, reportaje comprometido, 30-32).

Al decir Grün que le “importaba más la correcta interpretación del cristianismo que las exigencias morales” hace patente su poca estima por la moral y su mucho aprecio por la fe, bien al estilo luterano.

Dice finalmente, para rematarla, haber encontrado en la filosofía existencialista del ateo Martín Heidegger ideas que han fecundado la teología porque tal pensamiento, más que ningún otro, ha “respondido a las preguntas del hombre moderno” (cf. Ibid., 26-27).


2. Relativismo religioso

2.1 La Eclesiología de Grün



“Nunca debemos condenar o ver las cosas sólo negro sobre blanco en el sentido de que por un lado están los buenos, por el otro, los malos. La realidad siempre es más bien de varios colores” (Ibid., 156).

“La Iglesia no debe observar el arte con sus parámetros moralizadores. (...) El mundo actual -con su arte- es distinto del que querrían ciertos representantes de la Iglesia” (Ibid., 186).

Relativiza el catolicismo cuando augura que la fidelidad a la propia conciencia, más allá de cualquier religión, es camino seguro para la salvación.

“Rahner acuñó el concepto de «cristianismo anónimo». Con ello quiere significar que cada uno vive de acuerdo con su conciencia, sin importar si es ateo o si pertenece a otra religión, y puede lograr así la vida eterna. Gracia y justificación, unidad y estrecha relación con Dios, posibilidad de lograr la vida eterna solo tienen un límite en la conciencia sucia de un hombre. Y esto es precisamente lo que quiere expresarse con «cristianismo anónimo» (Karl Rahner, en Diálogo con Krauss, 54).

Hans Urs von Balthasar habla de la abundancia de la salvación que se reveló en Jesús. Y esta abundancia llevará a la perfección todo lo que hay en el mundo” [es decir, que todos finalmente se salvarán].


La Iglesia católica no debe identificarse con la Iglesia católica romana y su estructura, sino en que lo verdaderamente católico radica en que la Iglesia está abierta para todas las experiencias espirituales, que respeta a las otras religiones con sus conocimiento y experiencias, y que quisiera incorporarlas todas a la plenitud que Cristo representa para ellas.

No es la Iglesia la plenitud. Nosotros, los cristianos, no debemos colocarnos por encima de los demás. Ya que somos tan humanos, pecadores, limitados, como los demás representantes de las otras religiones. No necesariamente somos mejores personas que los demás”.

Ni el cristianismo en su figura histórica ni la Iglesia pueden pretender absolutidad”.

Como cristianos, no tenemos la verdad absoluta. Absoluto es solo Jesucristo. Pero nuestra forma de hablar de él no representa la plenitud que él representa. (...) Nuestros modos cristianos de ver se quebrarán para que la plenitud llegue a Dios. Por esta razón, nuestros conceptos sobre Jesucristo no pueden pretender absolutidad. (...) Todo lo que digo de Jesús está marcado por mis puntos de vista limitados y siempre condicionados por la historia de vida. Por lo tanto sólo podemos hablar de la absolutidad de Jesucristo en una nueva modestia y, al mismo tiempo, en una confianza profunda, pero no de la absolutidad del cristianismo, de cómo se muestra concretamente y de cómo se representa en su dogmatismo”.


“El cristianismo es el cumplimiento del anhelo humano, tal como se expresa en muchas religiones. Cumplimiento no es algo exclusivo sino inclusivo. No excluye a las demás religiones, sino que las incluye sin absorberlas. Y tampoco se trata de que los hombres no logren la salvación fuera del cristianismo. Creemos que todo aquél que vive de acuerdo con su conciencia, logra la salvación” (ANSELM GRÜN, La fe de los cristianos, San Pablo, 2007, 138-152).

Arbitrariamente distingue el monje benedictino entre Jesucristo, el único absoluto, y la Iglesia según su dimensión histórica y estructurada bajo el primado de Roma, negándole a ésta la absolutidad de la que sí gozaría Jesús. Su lema reza: Cristo sí, Iglesia no. Tal distinción dista enormemente de lo enseñado en el documento «Dominus Iesus», elaborado en el 2000 por el Card. Ratzinger y firmado por el entonces Papa Juan Pablo II. Un documento tan importante como «encajonado» por buena parte de la clerecía. En efecto, allí leemos:

“(...) La plenitud del misterio salvífico de Cristo [que sí sostiene Grün] pertenece también a la Iglesia [la que no acepta Grün], inseparablemente unida a su Señor. (...) Y así como la cabeza y los miembros de un cuerpo vivo aunque no se identifiquen son inseparables, Cristo y la Iglesia no se pueden confundir pero tampoco separar, y constituyen el único «Cristo total».

(...) Los fieles están obligados a profesar que existe una continuidad histórica -radicada en la sucesión apostólica- entre la Iglesia fundada por Cristo y la Iglesia Católica[5]” (n° 16, §1, 3).

“Por lo tanto, los fieles no pueden imaginarse la Iglesia de Cristo como la suma -diferenciada y de alguna manera unitaria al mismo tiempo- de las Iglesias y Comunidades eclesiales; ni tienen la facultad de pensar que la Iglesia de Cristo hoy no existe en ningún lugar y que, por tanto, deba ser objeto de búsqueda por parte de todas las Iglesias y Comunidades” (n° 17, §3).

Hay otra expresión bíblica que es la de “Reino de Dios”, motivo de diversas interpretaciones. Si bien Reino de Dios es, aclara “Dominus Iesus”, algo no tan claro y al parecer más general e indiferenciado[6], por lo que no es exclusivo sinónimo de Iglesia en su fase histórica, con todo,

“al considerar la relación entre Reino de Dios, Reino de Cristo e Iglesia es necesario, de todas maneras, evitar acentuaciones unilaterales, como en el caso de «determinadas concepciones que intencionadamente ponen el acento sobre el Reino y se presentan como `reinocéntricas`, las cuales dan relieve a la imagen de una Iglesia que no piensa en sí misma, sino que se dedica a testimoniar y a servir al Reino. Es una `Iglesia para los demás` -se dice- como `Cristo es el hombre para los demás`...»“ (n °19, §1).

Los teólogos progresistas en su afán por romper con la tradición buscan cambiar la sustancia de la realidad y la verdad de las cosas, para lo cual se sirven del conocido artilugio hermenéutico que consiste en transformar los conceptos para llegar, por un nuevo lenguaje, al cambio de la verdad, que al mutar ya deja por supuesto de existir como verdad. Tal principio es usado cuando hablan de la Iglesia como “Reino de Dios” o bien cuando sin nombrar a la primera apelan directamente a la noción vaga de “Reino” como realidad ética solidaria. Así, dado que -como vimos- la categoría de “Reino” es menos diferenciada y precisamente insistir en este concepto es, por lo mismo, insistir en la necesidad de trabajar por el bien de la humanidad pero sin mediar necesariamente Jesucristo, la gracia y la Iglesia en su dimensión histórico-sacramental.

Otra particularidad del lenguaje progresista es, según el punto 19, el de predicar en pro de una Iglesia “que no piensa en sí misma”. Lo mismo que exige Grün:

“En estos momentos la Iglesia gira demasiado en torno a sí misma. Lame sus propias heridas y por lo tanto es incapaz de dedicarse a las heridas de las personas” (Anselm Grün, reportaje comprometido, 154).

En semejante concepción de Iglesia como comunidad que sólo busca el bien de todos, que a nadie dice que “no” y que no profesa un credo, unos dogmas y una verdad como contenido único, los “nuevos” mártires de esta “nueva” Iglesia vienen a ser aquellos que, más allá de la fe y sin mediar necesariamente el amor por una religión, han ofrendado la vida en defensa de los derechos humanos. Mártires de la “diosa humanidad”. La nueva Iglesia de Grün canonizaría a los que se inmolaron en defensa de la dignidad humana, dignidad que no necesariamente estaría vinculada con la dignidad divina y con la tutela de una única verdad revelada y custodiada en la Iglesia Católica.

“(...) Los mártires no son un fenómeno tan sólo de la Iglesia primitiva. (...) En América Latina son frecuentemente asesinados hombres y mujeres que toman en serio el mensaje cristiano y se comprometen con los pobres” (Ibid., 130-131).

Sostiene Grün, fiel a su hermenéutica psicologista, que el martirio de los mártires “de antes” está en parte desfigurado por cierta patología histórica, propia de los “fanáticos” historiadores, por la que se revuelcan y relamen masoquista y victimariamente en la sangre de aquellos hombres.

“Los mártires de la Iglesia primitiva testificaron con su muerte la resurrección de Jesús. (...) Ante muchos relatos martiriales hoy nos sentimos incómodos. Se dice una y otra vez que los primeros cristianos iban gozosos a la muerte. Psicológicamente entrenados, [nosotros] husmeamos aquí una tendencia masoquista” (ibid.).


3. El Jesús de Grün

La teología católica enseña que Jesús, como Verbo encarnado, fue Dios desde su concepción. La teología de Grün enseña al parecer que Jesús se fue haciendo Dios sobre todo a partir de la iluminación que recibió el día de su bautismo:

“¿Cómo llega Jesús a ser Salvador? Esta es para mí una cuestión decisiva. La respuesta teológica -que él puede salvar en cuanto Hijo de Dios- no me parece suficientemente satisfactoria. Jesús no fue salvador desde el principio. Él fue desarrollando desde su interior el arquetipo de salvador. Para mí, los Evangelios señalan momentos importantes de esta proceso. El primer momento lo constituye el bautismo. [Al sumergirse en el agua] Jesús se ha sumergido en el inconsciente. Nuestra vida se seca sin la fuente del inconsciente. Es en el bautismo, y no en su nacimiento, donde Jesús toma conciencia de su verdadera identidad” (Luchar..., 204-212).

Recordemos una vez la noción clave en la antropología de Jung, el Sí-Mismo. En tal concepto Jung ve lo más perfecto del hombre, lo más trascendente, lo más divino, por ser una totalidad psíquica que incluye tanto lo luminoso como lo oscuro del ser humano, tanto lo conciente como lo inconciente, tanto la santidad como el pecado. Jesús, siempre según Jung, es una parte importante del Sí-Mismo mas no acabada, por lo que necesita de su divino hermano cuaternario, Satán.

Volvamos a Grün. Explicando el pasaje de Cristo en el desierto en el que dice que “los animales del desierto lo servían”, el discípulo de san Benito lo interpreta diciendo que:

Jesús integra en su estancia en el desierto los dos polos: la parte animal [eso se ve, según Grün, en la expresión de san Marcos, cuando dice que `los animales lo servían en el desierto`] y la parte angelical”.

“(...) En el relato de la estancia de Jesús en el desierto hemos visto que él se reconcilió allí con sus sombras y que integró dentro de sí lo animal. El culmen de la integración se hace perceptible en la cruz. La cruz es un símbolo primordial de la unidad de todos los contrarios. En la cruz abarca Jesús todos los recintos del cosmos: la altura y la profundidad, el cielo y la tierra, la luz y la tiniebla, lo consciente y lo inconsciente, el hombre y la mujer” (Ibid.).
La Iglesia ya no puede presentarse autoritariamente, como representante exclusiva de la verdad” (Ibid., 152).

La cruz es el modelo de la síntesis hegeliana reconciliadora de los contrarios morales. Ser cristiano es llevar la cruz, y llevar la cruz significa no querer quitar la oscuridad pecaminosa insita en nuestra naturaleza. Sólo se salva aquél que se reconcilia y hace un pacto de amistad con su adversario.

“Los hombres pueden aprender de Jesús, “el Salvador”, a descubrir sus fuerzas salvadoras. El presupuesto indispensable para ello es que, con Jesús, emprendan el camino hacia la realización plena de la masculinidad, un camino en el que han de integrar en su condición de hombres todo lo que emerge en ellos: lo selvático y lo apacible, lo duro y lo blando, lo masculino y lo femenino, lo claro y lo oscuro. En el encuentro con Jesús desaparece de ellos lo inauténtico y las simples apariencias. Entran entonces en contacto con su verdadero yo. Y sólo desde ese yo íntimo les es posible salvar a los demás (=llevarlos al encuentro con el auténtico Sí-Mismo)” (Ibid., 214).

Como Jesús es dialéctico en cuanto que en la cruz asume los contrarios, el cristiano está llamado, al igual que su Maestro, a no concebir la santidad como expulsión ascética de lo negativo sino, por el contrario, a convivir con lo inmoral o “amoral” como camino hacia la propia integración.


4. La ética de Grün

Para salvarse y ser feliz hay que pecar, o al menos, evadir el deseo de erradicación de lo que nuestros preconceptos culturales consideran como conductas “anormales”. Nuestro autor cree que el pecado original fue una cosa necesaria y loable en cuanto que, tras él, los primeros padres pudieron “conocer el bien y el mal”, ganar en conciencia, aumentar la propia ciencia moral.

“La historia del pecado original se presta a diversas interpretaciones. Vista desde la psicología, a mí me convence la interpretación de C. G. Jung, para quien el comer del fruto del árbol de la ciencia es un acto de toma de conciencia. Para Adán y Eva se trata de un paso necesario en el camino de su plena realización personal. El ser humano sale de su situación paradisíaca y reconoce sus partes luminosas y sombrías. Puede ya distinguir entre el bien y el mal” (Luchar..., 19).

El pecado es conciencia; la gracia y santidad imperfección. La cruz es la inclusión pacifista de las sombras. La salvación es la muerte y el cielo termina siendo, según esta lógica, nada menos que el infierno:

“Cuando el hombre vive conscientemente sólo un polo, entonces el polo opuesto se convierte en una sombra. (...) Lo que persigue la psicoterapia, tal como Jung la entiende, es unir de nuevo las dos partes del hombre, lo consciente y lo inconsciente. Si estas dos partes del hombre están completamente separadas aparece una «disociación de la personalidad, el fundamento de todas las neurosis» (...). [Las personas] tienen que reconciliarse con los puntos negativos, con los lados impíos que también se encuentran en ellas, con muchos sectores de ellas que no quieren saber nada de Dios, con algunos deseos que no se orientan según la voluntad de Dios sino que son «amorales»” (ANSELM GRÜN, Incertidumbre, pgs. 81, 83, 86).

La solución que ofrece el autor no es, en sustancia, distinta de la del psicoanálisis: conciencia de lo negativo, aceptación y necesidad de lo inmoral, tendencia natural hacia la muerte:

“De la tensión entre los opuestos se genera en el hombre una energía que tiende a la unión entre esos lados contrarios (...). No debemos (sobre)valorar uno de estos dos lados, pues necesitamos de los dos. (...) El hombre sólo llega a su verdadero `yo` si aúna sus contrastes, si consigue integrar en él el consciente y el inconsciente, la luz y la oscuridad, el bien y el mal” (Ibid., 89, 92).


4.1. La homosexualidad

La homosexualidad es para Grün un valor más que una patología.

“Es importante para el hombre tener ideas claras respecto a su identidad sexual. Tiene que saber con precisión si es heterosexual u homosexual. A veces las fronteras son borrosas e inestables. Llegar a conocer y tomar conciencia de la identidad sexual es un presupuesto determinante para aceptarse como hombre. También aquí es decisivo que dejemos aparte todas las valoraciones. Cada hombre -homosexual o heterosexual- tiene sus virtualidades, sus fuerzas, y también sus peligros. Los hombres homosexuales se han entregado en los últimos años a la búsqueda de su propia masculinidad, todavía con más intensidad que los hombres heterosexuales. En lugar de disculparse por su homosexualidad -como sigue siendo habitual aún en muchos círculos sociales-, se alegran de su condición. Han tomado conciencia de su cuerpo y se expresan a sí mismos, con todo su ser, en su cuerpo. Con frecuencia tienen una profunda sensibilidad estética y una gran apertura hacia la espiritualidad. Cuando hablo de la masculinidad, pienso siempre en los hombres heterosexuales y homosexuales”.

“(...) Con demasiada frecuencia escuchan que la homosexualidad es «antinatural». Pero tales valoraciones son falsas. La homosexualidad se puede deber a motivaciones diversas: a la educación, a una excesiva vinculación con la madre, a experiencias sexuales, pero también a una determinada configuración genética. En definitiva, nadie puede decir por qué un hombre o una mujer son homosexuales. Lo decisivo es que el homosexual se reconcilie con su condición y su tendencia y que, desde esa reconciliación, haga lo mejor. Esto significa que también él puede vivir su homosexualidad de una manera humanamente digna“ (Ibid., 25).

Huelga recordar que la única “manera humanamente digna” de vivirla debería ser -cosa que por supuesto no dice Grün- en la castidad o abstinencia sexual, tal como enseña el CATIC (2358).

Reitera la misma idea en otro de sus libritos:

“Entiendo muy bien que a las madres en su primer momento les provoque un shock enterarse que su hijo o hija es homosexual. Pero el sufrimiento depende de la actitud. (...) Las personas homosexuales son iguales a las heterosexuales, e incluso muchas veces tienen un sentido especial para la espiritualidad y el arte. Disponen de dones valiosos de los cuales los padres deberían alegrarse” (¿Por qué a mí?, Ágape-Bonum-Guadalupe-Lumen-San Pablo, Bs. As., 3ª, 2007, 126).

“En el paraíso, Adán y Eva no se avergüenzan de su desnudez. Después de la caída, sin embargo, reconocen que se encuentran desnudos y, por temor, Adán se esconde de Dios. La vergüenza es la que les lleva a hacerse unos ceñidores con hojas de higuera. Sobre el tema de la vergüenza se han escrito, sobre todo por parte de los psicólogos, muchas y valiosas reflexiones. «Vergüenza» es el miedo a mostrarse tal como uno es (o como cree que es). Y un aspecto esencial de la vergüenza es la vergüenza sexual. Uno se siente incómodo con su desnudez e intenta cubrirse. La vergüenza tiene siempre algo que ver con la necesidad de protección. Uno se protege de las miradas descaradas de otros. Pero la vergüenza es también expresión de que uno no ha logrado aceptarse en su desnudez. Desea ocultarse a sí mismo, de Dios y de los demás. Cuando los hombres dejan a un lado su vergüenza y se muestran tal como son, surge de repente una gran confianza. Pueden ya decirse (=expresarse) a sí mismos tal y como son. No necesitan ningún vestido más para cubrirse. Se atreven a mostrarse en su vulnerabilidad. Y es que las heridas son inherentes a la sexualidad, con toda su hermosura y fascinación. Las bromas sobre la sexualidad ajena pueden ocasionar profundas molestias. Yo he tenido grupos masculinos que hablaban muy abiertamente sobre su sexualidad y que mostraban un gran respeto hacia los demás. Cuando esto se consigue, se experimenta algo de la situación paradisíaca” (Luchar..., 25-27).


Aunque tendemos a pensar que aquí Grün propone el nudismo como realidad paradisíaca propia de personas sin vergüenza, maduras y transparentes con Dios y con los demás, con todo, no nos es absolutamente claro. No podemos, de todas maneras, dejar de recordar la enseñanza de un predicador que trae a cuento el P. Horacio Bojorge en su buen ensayo sobre la exégesis bíblica actual, en el que nos refiere de un sacerdote que arengaba a su feligresía, diciéndole: “las playas nudistas de alguna manera representan la búsqueda de Dios porque allí hombres y mujeres vencen las barreras de la vergüenza por la desnudez que comenzó con el pecado...” (HORACIO BOJORGE, ¿Entiendes lo que lees?, Gladius, Bs. As., 2006, 10).


4.2 Aborto

Si bien es verdad que en el librito sobre el Decálogo condena Grün el aborto al hablar del 5° mandamiento, sin embargo en la explicación que hace del segundo mandamiento nos topamos con esta extraña expresión:

“Hoy existe otro peligro de abuso: se abusa del nombre de Dios para fines políticos. Se empieza en el nombre de Dios una guerra contra las así llamadas «semillas del mal». En nombre de Dios se asesina o insulta a Parlamentarios, que buscan honradamente leyes sensatas para regular la problemática del aborto...” (ANSELM GRÜN, Los Diez Mandamientos, San Pablo, Bs. As., 2007, 46).

¿Se refiere aquí Grün a los católicos que luchan por la no despenalización del aborto?. Y en caso de ser así y tratándose del aborto, ¿puede haber una ley “sensata”, o menos perniciosa, capaz de ser aceptada civilmente?.


4.3 Adulterio

Grün dice que las fantasías sexuales no son pecado al tiempo que afirma, sirviéndose de una incorrecta interpretación de un término griego traducido por “fornicación” (cf. Mt. 19,19), que los separados rejuntados muchas veces pueden volver a comulgar.

“En la Iglesia, el adulterio siempre tiene algo que ver con actos impúdicos. El Antiguo Testamento es ajeno a este punto de vista. Para Israel la sexualidad no era el centro del matrimonio, sino la pareja. (...) El sexto mandamiento tiene ciertamente algo que ver con la sexualidad. Pero no se tienen que tomar en consideración las reflexiones mezquinas y angustiosas sobre el tipo de fantasía sexual con el que opino no haber observado el sexto mandamiento”.

“Quien separa el matrimonio comete adulterio. El único motivo que permite Jesús para la separación es la fornicación (cf. Mt. 19, 9). No está muy claro cómo entender esto. Los exégetas discrepan sobre el tema. Cualquiera sea el sentido de estas palabras de Jesús, es importante que para él, pues, por lo visto, existen motivos para admitir la separación. Hoy en día seguramente estas excepciones se describen de otra manera. Pero sí está claro que la prohibición absoluta de dar la comunión a los que se han vuelto a casar no corresponde con las palabras de Jesús” (ibid., 97-98).
 
4.4 Anticoncepción

El Papa Pablo VI con su encíclica Humanae vitae [en la que se condena bajo todas las formas el uso de anticonceptivos para evitar, como fin o como medio, la concepción] nos decepcionó mucho a los estudiantes de teología. Allí cedía frente a una minoría conservadora” (Anselm Grün, reportaje comprometido, 30-34).

Grün afirma que todos estos conflictos ligados a la sexualidad se los debemos imputar a... la Iglesia Católica!!!. La culpa, por supuesto, siempre la tiene el otro...

“La causa de la represión de la sexualidad es también un profundo temor frente a la sexualidad, tal como la ha acuñado desde hace siglos la moral sexual católico-romana“. (Ibid., 109).

“Me cuesta entender ciertos desarrollos internos de la Iglesia. No puedo evaluar en qué medida estos desarrollos y reacciones dependen directamente del Papa o si fuerzas conservadoras en Roma utilizaron la frecuente ausencia del Papa [Juan Pablo II] para poner en escena sus juegos de poder. Lo que me da pena es que la teología romana se limite principalmente a cuestiones de moral. (...) Se mantienen aún tiesos en temas como la sexualidad y el celibato. (...) También preguntas como el tratamiento de divorciados que vuelven a casarse y la cuestión del asesoramiento a mujeres confrontadas con el tema del aborto parecen ser tratadas en Roma con poco tacto” (ibid., 42).


5. “No hay nada nuevo bajo el sol”: Grün y la herejía quietista

En el s. XVII apareció en el escenario de la teología española Miguel de Molinos, mentor de un movimiento espiritual herético bautizado con el nombre de quietismo. Era un naturalista él lo mismo que su escuela.

El naturalismo es una corriente de pensamiento, con resonancias morales, que históricamente se ha mostrado siguiendo una doble modalidad, que al parecer son opuestas, pero que cabalgan en una misma e idéntica premisa: la inimputabilidad de la naturaleza; ora por ser demasiado buena como para ser culposa, ora por ser irreformablemente mala como para ser sujeto de imputación.

La primera de esta doble modalidad es la llamada con el nombre de modernismo o americanismo que consiste en exaltar sobremanera las operaciones humanas por considerárselas buenas, sanas, preparatorias para la gracia. El aprecio por las virtudes activas y al mismo tiempo la poca estima por la contemplación y las virtudes pasivas es una característica de este primer naturalismo. Se trata -así piensan los naturalistas- de no dar importancia a la ascética, a la muerte de las pasiones, a la mortificación voluntaria, porque la naturaleza es buena y una tal aniquilación equivaldría a una renuncia a toda iniciativa y juicio de valor. No hay que menospreciar nada, sino mejorar lo que ya tenemos. La cruz del cristiano es simple mejoría de lo que va en su misma línea de perfección. Se invoca incluso falsamente el conocido postulado de santo Tomás que dice que “la gracia no debe destruir la naturaleza sino perfeccionarla”; por lo que toda renuncia, ascética, aniquilación de la naturaleza es -así profesan- contraria a la perfección exigida por la gracia.

Se olvidan o ignoran estos primeros naturalistas que la naturaleza invocada por santo Tomás es la naturaleza como tal, en el sentido filosófico, ontológicamente buena en cuanto obra de Dios y no en cambio la naturaleza tal como la conocemos hoy, caída y herida, incapaz de ser perfeccionada si antes no es totalmente aniquilada y transformada por la gracia de Dios.

La otra vertiente del naturalismo llamada quietismo, solidaria con la antropología protestante y de la que se sirve Anselm Grün, es la defendida por Miguel de Molinos y condenada por el Santo Oficio el 29. 11. 1687. Según ella el hombre debe quedarse quieto en su relación con Dios porque “querer obrar activamente es ofender a Dios, que quiere ser el único agente”[7], así entonces “es necesario abandonarse a sí mismo todo y enteramente a Dios y luego permanecer como un cuerpo exámine”[8]. Toda iniciativa es mala, toda acción es contraria a la voluntad de Dios, toda “actividad natural es enemiga de la gracia e impide la operación de Dios y la verdadera perfección; porque Dios quiere obrar en nosotros sin nosotros”[9].

El quietismo niega -a diferencia del americanismo- la actividad positiva y emprendedora de la naturaleza, pero tal tesitura comulga con aquélla en cuanto que, para ambas, la naturaleza es algo redimible así como está, en la condición actual, en la positividad de su caída post-pecado original. Si el activismo americanista pretende salvar al hombre por la pura acción, ésta lo hace por la pura pasión o pasivismo. No haciendo nada, no modificando nada, no transformando nada de lo natural a través del ejercicio ascético es como llegaríamos a la unión con Dios. La Nada es el camino al Todo.

Tampoco se trata de obrar en contra de los movimientos desordenados y pecaminosos porque tal reacción sería, por lo mismo, contraria a la gracia de Dios que quiere morar en nosotros sin nuestra menor ayuda y colaboración. Así, mientras que la virtud es imperfección y obstáculo para la mística quietista todas las acciones contrarias a la virtud ayudan al ejercicio de Dios en el alma, como por ej., los “pensamientos que vengan en la oración, aún los impuros, aún contra Dios, los santos, la fe, los sacramentos”, los cuales “si no se fomentan voluntariamente ni se expelen voluntariamente, sino que se sufren con indiferencia y resignación; no impiden la oración, antes bien la hacen más perfecta aún”[10]. La mayor perfección consiste, según Molinos y su escuela, en la mayor asunción y reconciliación con lo poluto de nuestras acciones. Hay moralidad cuando hay inmoralidad. Lo mismo que decía Grün cuando en su opúsculo “Incertidumbre” proponía como camino de sanación y elevación la “reconciliación con los puntos negativos, con los lados impíos que también se encuentran en ellas [las personas], con muchos sectores de ellas que no quieren saber nada de Dios, con algunos deseos que no se orientan según la voluntad de Dios sino que son «amorales»”. Reconciliación que, huelga recordarlo, no consiste ni en el sacramento que lleva tal nombre ni en el deseo de cambio y conversión, antes bien en “el amor y la resignación”[11] a las fuerzas del pecado. Amor a un Dios que es igual que la Nada y resignación ante nuestra trágica e irreparable situación.


* * *


Escuetamente hasta aquí expuesto el pensamiento del populoso divulgador Anselm Grün. El barniz que da a sus ideas con una pátina de cierta piedad monástica tradicional (pondera, por ej., el canto gregoriano), las referencias a importantes autores de la mística monacal sumado eso a la solidaridad ideológica y remunerativa de las más reconocidas editoriales “católicas” presentes en nuestro país (“Ágape”, “San Pablo”, “Bonum”, “Lumen”, “Guadalupe”) ha hecho más difícil aún la artesanal tarea de distinción entre el trigo y la cizaña. Y es, finalmente, en razón de esto último por lo que estamos firmemente convencidos que, sea por deliberada malicia o por vencible -y por tanto, injustificada- ignorancia, muchos y en razón de mucho tendrán que dar cuenta ante el más santo, intachable e impoluto Tribunal el dia del propio juicio. Y ahí no habrá quietismo que los justifique, psicologismo que los compadezca, ni money que los defienda.


_______
Notas:
[1] Las frases están tomadas de las obras del autor: “Jung y la creencia religiosa”, “Ensayo de interpretación psicológica sobre el dogma de la trinidad”, “Metamorfosis del alma y sus símbolos”, “Aïon”, “La vida simbólica”; textos extraídos del artículo sobre Jung publicado por JEAN-CLAUDE LARCHET, «Jung desde la teología y la espiritualidad cristiana», en AA.VV, “Bases para una psicología cristiana”, EDUCA, Bs. As., 2005.

[2] Marcamos con color rojo las expresiones más lastimosamente destacadas.

[3] Sancionado por la Congregación para la Doctrina de la Fe, que le quitó la licencia para enseñar. Sobre él sigue diciendo Grün: “Para mí personalmente, Küng no es en absoluto un teólogo que esté fuera de la Iglesia. Él no formuló tesis alguna que esté fuera del dogma [de la infalibilidad pontificia]. Su demanda es más bien práctica. Su obispo G. Moser intercedió a favor de Küng. Detrás de todos los puntos de vista y en este caso es posible ver también rivalidades personales, concretamente entre él y Ratzinger. Detrás de todas las acciones [conflictivas] en la Iglesia también se esconden resentimientos personales. Por otra parte, no todo lo que se refiere a la cátedra [¿de Pedro?] está siempre fundado dogmáticamente” (Anselm Grün, reportaje comprometido, 32-33).

[4] También sancionado por la Santa Sede.

[5] El 29-7-07 la Congregación para la Doctrina de la Fe se vio en la necesidad de dar a conocer un escuetísimo pero importante documento, formulado a través de preguntas y respuestas, en el que se puntualizan algunos conceptos que, para muchos, encerraban una cierta ambigüedad. Uno de tales términos fue el de “subsistit in” (“subsiste en”), usado a partir del Concilio Vaticano II cuando afirmó, en la constitución dogmática “Lumen gentium”, que “la Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia Católica”. Muchos creyeron o quisieron ver en tal expresión un sustituto del verbo “es”, por lo que si antes se decía que la Iglesia querida y fundada por Cristo para que los hombres se salven es la Iglesia Católica a partir de ahora tal Iglesia querida por el Señor sería, junto con la Católica, la ortodoxa y protestante, por tener ellas también elementos o partes de verdad y bondad que no le son ajenos al catolicismo. Así pues, el subsistit in no haría -pensaron y piensan aún muchos- de la Iglesia Católica la única realidad en la que se hallan todos los medios para la salvación.

La tercera pregunta del antedicho escrito viene así formulada:

«¿Por qué se usa la expresión "subsiste en ella" y no sencillamente la forma verbal "es"?Respuesta: El uso de esta expresión, que indica la plena identidad entre la Iglesia de Cristo y la Iglesia católica, no cambia la doctrina sobre la Iglesia. La verdadera razón por la cual ha sido usada es que expresa más claramente el hecho de que fuera de la Iglesia se encuentran "muchos elementos de santificación y de verdad que, como dones propios de la Iglesia de Cristo, inducen hacia la unidad católica”. Si “no cambia la doctrina de la Iglesia” quiere decir que la Iglesia fundada por Cristo para que los hombres se salven es, tal como siempre se ha sostenido, la Iglesia Católica, sin descartar el hecho que Dios pueda (que no es lo mismo que decir que Dios “deba”; cf. CATIC 847) salvar a personas que se encuentran fuera de los confines visibles y estructurales del catolicismo, es decir, fuera del orden sacramental».

[6] “El Reino de Dios -si bien considerado en su fase histórica- no se identifica con la Iglesia en su realidad visible y social. (...) Por lo tanto, se debe tener también en cuenta que «el Reino interesa a todos: a las personas, a la sociedad, al mundo entero. (...) Construir el Reino significa trabajar por la liberación en todas sus formas». (n° 19, §1).

[7] Denzinger, 1222.

[8] Ibid..

[9] Dz., 1224. Contrariamente a lo enseñado por san Agustín: “Qui creavit te sine te, non justificabit te sine te” (“Aquél que te creó sin ti no te salvará sin ti”).

[10] Dz., 1244.

[11] Dz., 1257.







martes, 9 de febrero de 2010

Corrientes de psicología contemporánea - Martín F. Echavarría

Corrientes de psicología contemporánea
Martín F. Echavarría



La editorial Scire acaba de publicar un nuevo libro de Martín Federico Echavarría sobre "Corrientes de psicología contemporánea". El libro está pensado como un manual para introducir al lector en las corrientes más importantes de la psicología actual, prestando especial atención a los fundamentos filosóficos de cada una de ellas, y emitiendo un juicio desde la filosofía tomista y la antropología cristiana. Se divide en cinco secciones, divididas a su vez en capítulos:


Introducción
Sección 1. Psicologías del Inconsciente
Capítulo 1. El Psicoanálisis de Sigmund Freud
Capítulo 2. Los continuadores de Freud
Capítulo 3. Carl G. Jung y la Psicología Analítica

Sección 2. Psicologías de la Responsabilidad
Capítulo 4. La Psicología del Individuo de Alfred Adler
Capítulo 5. La psicología antropológica de Rudolf Allers
Capítulo 6. La Logoterapia de V. E. Frankl

Sección 3. Conductismo
Capítulo 7. El conductismo de John B. Watson
Capítulo 8. Del neoconductismo a B. F. Skinner

Sección 4. Psicología Humanista
Capítulo 9. La Psicología Humanista y la teoría de Carl Rogers
Capítulo 10. Otros autores y escuelas de tendencia humanista o alternativa

Sección 5. Cognitivismo
Capítulo 11. Psicologías cognitivas
Capítulo 12. El constructivismo

Consideraciones finales: Psicología, fe y razón


El libro consta de cuatro anexos con estudios específicos sobre diversos temas:
1) el uso del concepto de narcisismo en la psicología,
2) la noción de inconsciente espiritual en J. Maritain,
3) la psicología de la mística de William James,
4) y la relación entre ética y caracterología en Josef Pieper.


Los datos editoriales del libro son éstos:
Martín F. Echavarría, Corrientes de Psicología Contemporánea,
Scire, Barcelona 2010, 282p.


¡Altamente recomendable!



miércoles, 3 de febrero de 2010

Especialistas advierten en España posibles horrores de píldora abortiva

Especialistas advierten en España posibles horrores de píldora abortiva


MADRID, 02 Feb. 10 (ACI).- Diversas asociaciones profesionales españolas han advertido el fin de semana que la decisión del gobierno socialista de vender libremente la píldora abortiva conocida como "Píldora del Día Después" (PDD) tendrá graves consecuencias para la salud de las mujeres españolas.

Marta Pérez, de la "Red Farmacia Responsable" explicó primero que ante la iniciativa del Gobierno de autorizar la dispensación sin receta médica y sin límite de edad de la píldora abortiva, un grupo de farmacéuticos y otros profesionales sanitarios han decidido asociarse, "conscientes de que esta medida supone una agresión al libre ejercicio de la profesión farmacéutica y puede ocasionar un perjuicio a la salud pública, en especial de los jóvenes".

El manifiesto, por su parte, señala que el Ministerio de Sanidad no sólo ha dejado de requerir la prescripción médica de la PDD; sino que ha autorizado su dispensación a menores de 16 años sin consentimiento de los padres, lo cual es especialmente grave dado que "no hay estudios representativos en los que se demuestre que la utilización de la PDD en esta edad sea segura".

"El Ministerio –advierte el manifiesto– ha publicado un folleto informativo que no cumple el deber legal de suministrar una información cierta, completa, comprensible y acorde con el destinatario al que va dirigida. Con ello se niega el derecho de la usuaria a disponer de la información necesaria para que su decisión sea libre e informada".

El manifiesto denuncia además que la nota "informativa" del Ministerio miente al afirmar "que la PDD no tiene efectos secundarios, lo cual es falso, o que 'no es abortiva', pese a que puede impedir la anidación del embrión".

"En definitiva, la información que se proporciona es incompleta y sesgada. En lugar de atender a razones científicas, tiene una profunda carga ideológica y pretende imponerla, sin discusión, a todo un colectivo profesional".

El texto finaliza solicitando a la Administración sanitaria la retirada del folleto distribuido a las farmacias, y que la PDD vuelva a ser un "medicamento sujeto a prescripción médica" hasta que se aporten las suficientes pruebas que justifiquen el cambio de estatus y la protección jurídica a los farmacéuticos que por motivos de conciencia no están dispuestos a dispensarla.

Igualmente, pide al Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos que retire el apoyo al folleto distribuido y dé amparo y cobertura a los farmacéuticos que por motivos de conciencia no quieren dispensarla.


Más información: http://www.andoc.es/




lunes, 1 de febrero de 2010

Jornadas de Psicología y Pensamiento Cristiano

Jornadas de Psicología y Pensamiento Cristiano
Año 2004



Organizadas por la Facultad de Filosofía y Letras y el Centro de Psicología “Santa Teresita”, tuvieron lugar en el Auditorio Mons. Derisi del Campus de Puerto Madero las Jornadas de Psicología y Pensamiento Cristiano (año 2004).


Se presentaron los temas:
“Bases para una psicología cristiana” (Dr. Ignacio Andereggen);
“La curiosidad en el psicólogo” (Lic. Klaus Droste);
“Santo Tomás de Aquino y la enfermedad psíquica” (Dr. Martín Echavarría);
“Los desórdenes psicopatológicos según la concepción de los Padres de la Iglesia” (Pbro. Gabino Tabossi);
“La mística Trinitaria en el desarrollo de la personalidad” (P. Mario Faraone);
Panel: “Psicoanálisis y Cristianismo: Nietzche, Freud, Jung, Lacan”;
Panel “Neurosis y santidad” (Lic. Zelmira Seligmann, Lic. Patricia Schell);
“La humildad en el psicoterapeuta” (Dra. Mercedes Palet);
“Freud y el demonio. La concepción de lo demoníaco en el psicoanálisis de Sigmund Freud” (Dr. Ermanno Pavesi);
“El carácter problemático de la psicología jungiana a la luz de la teología y la antropología cristiana” (Dr. Jean Claude Larchet);
y “La situación existencial de los estudiantes de psicología” (Sebastián Blanco).


Actas de las Jornadas de Psicología y Pensamiento Cristiano


El 27 y 28 de agosto de 2004 se llevaron a cabo con numeroso público, en la Universidad Católica Argentina, las Jornadas de Psicología y Pensamiento Cristiano, cuyo objetivo era plantear el problema de una psicología que sea intrínsecamente cristiana, cuestión que ha inquietado a numerosos pensadores y ha suscitado no pocas polémicas. Estas Jornadas fueron al fondo de la cuestión con las ponencias de prestigiosos profesionales europeos y americanos.

Hoy se pone a disposición del público el fruto de este trabajo, que dada la gran acogida que tuvo en los distintos ámbitos, puede ser considerado de interés no sólo para quienes se dedican directamente al estudio o a la práctica de la psicología, sino también para todos aquellos que por su actividad o circunstancias existenciales, se ven en la necesidad de entrar en contacto con ella.

Los contenidos expuestos en las jornadas se han desarrollado siguiendo una doble perspectiva.

Una propositiva, que incluye el examen de los elementos que la tradición cristiana posee para el desarrollo de una psicología que en sus fundamentos, contenidos y métodos, sea en todo fiel al mensaje cristiano y constituya una herramienta eficaz para la perfección humana.

Una segunda perspectiva, en dependencia con la anterior, que supone el análisis y discernimiento de las doctrinas elaboradas en el seno de la psicología contemporánea a la luz de los principios arriba mencionados.

El Pbro. Dr. Ignacio Andereggen, profesor de Historia de la Psicología en el Pontificio Ateneo “Regina Apostolorum” de Roma, inició las Jornadas con una disertación sobre las "Bases para una Psicología cristiana", en la que hizo un recorrido por la historia del pensamiento y explicó cómo debería ser una Psicología fundada en los principios cristianos; destacó la altura de la vocación del psicólogo y la necesidad de una formación adecuada para responder a ella.

Luego, el Lic. Klaus Droste, investigador y profesor de la Universidad Santo Tomás de Aquino de Santiago de Chile, habló de“La curiosidad en el psicólogo”, que lleva a la dispersión del conocimiento por contraposición a la estudiosidad que ordena la mente cuando se concentra en una sola cosa: en el caso del psicólogo, la persona.

El Dr. Martín Echavarría, Director de Estudios de Psicología de la Universidad Abat Oliba CEU de Barcelona, en su exposición “Santo Tomás de Aquino y la enfermedad psíquica”, se refirió a la noción de enfermedad psíquica en el pensamiento de Aristóteles y Santo Tomás. La noción de “aegritudo animalis” que puede traducirse como “enfermedad psíquica”, sería una auténtica manera de designar lo que hoy llamamos perturbaciones psicológicas.

En tanto, el Pbro. Gabino Tabossi, profesor en la UCA, trató “Los desórdenes psicopatológicos según la concepción de los Padres de la Iglesia” (comentario a la obra de Jean-Claude Larchet: “Thérapeutique des maladies spirituelles”), poniendo de manifiesto la profundidad con que éstos conocían las verdaderas raíces de las dolencias psíquicas y el camino de curación.

El Pbro. Dr. Mario Faraone comentó la obra de San Juan de la Cruz y las implicancias de la mística trinitaria en la configuración de la personalidad.

El Panel sobre "Psicoanálisis y Cristianismo" estuvo integrado por el Pbro. Dr. Andereggen, el Dr. Echavarría y Pablo Lego y expuso la visión de Nietzsche, Freud y Jung sobre la religión y su contradicción respecto de la fe cristiana en diversos aspectos.

Un segundo panel fue integrado por la Lic. Zelmira Seligmann, Licenciada en Psicología y en Filosofía, quien presentó la obra del Dr. Rudolf Allers y la fundamentación de la normalidad psíquica coincidente con la santidad; en el mismo panel, la Lic. Patricia Schell, también Licenciada en Psicología y en Filosofía, explicó la configuración normal de la mente y la incidencia de la tristeza en su deformación; dejó, además, pautas de acción psicoterapéutica.
Por último Sebastián Blanco, de Chile, describió en base a un estudio estadístico, la situación existencial de los estudiantes de Psicología.

Las Jornadas contaron también con las comunicaciones enviadas desde el extranjero de reconocidos profesionales de la Psicología: la Dra. Mercedes Palet, psicóloga y Doctora en Filosofía (Suiza), quien desarrolla la temática de la humildad del psicoterapeuta. En ella destaca, basándose en el pensamiento de Santo Tomás de Aquino, la importancia de esta virtud para la práctica psicoterapéutica y realiza un interesante análisis sobre la situación existencial en la que se encuentran los profesionales de esta disciplina debido a las diversas carencias que padecen, fruto de una inadecuada formación integral.

El Dr. Ermanno Pavesi (psiquiatra y docente Psicología en la Gustav Siewerth Akademie, Weilheim-Bierbronnen, Alemania), en su ponencia titulada “Freud y el diablo: la concepción de lo demoníaco en el psicoanálisis de Sigmund Freud”, analiza, en base a los textos del mismo Freud, cómo en su concepción del síntoma como retorno de una representación removida que tomaría posesión del cuerpo y lo sustraería al control del Yo, se pueden reconocer los vestigios de una teoría psicológica de la posesión.

El Dr. Jean-Claude Larchet, filósofo y patrólogo ortodoxo (Francia), en su trabajo titulado: “El carácter problemático de los fundamentos de la psicoterapia junguiana a la luz de la teología y la espiritualidad cristiana”, contrapone la concepción de Jung sobre el hombre y su desarrollo psíquico con la del cristianismo, sobre todo de los Padres de la Iglesia. El análisis que hace el autor del pensamiento de Jung demuestra que éste está muy marcado por corrientes ajenas al cristianismo como el gnosticismo, la alquimia, el budismo y el hinduismo. Resulta, dice el autor, de esta teoría una concepción confusa, falseada y perversa de la naturaleza de Dios y de la naturaleza del hombre y, en consecuencia, de sus relaciones mutuas. Lo cual tiene una incidencia negativa sobre su concepción de la salud, de la enfermedad y de la curación.



jueves, 21 de enero de 2010

Hermana de Santa Gianna Beretta participará en Congreso Internacional de Familia

Hermana de Santa Gianna Beretta participará en Congreso Internacional de Familia



ROMA, 19 Ene. 10 (ACI).- Sor Virginia Beretta, religiosa y hermana de Santa Gianna Beretta, llegará a Lima (Perú) para participar del 2º Congreso Internacional de la Familia que se realizará del 22 al 24 de enero bajo el lema "Familia, Futuro de la Humanidad".


Sor Virginia es hermana de Santa Gianna Beretta, una médico cirujano y pediatra que en el año 1962, cuando estaba embarazada de su cuarto hijo, se enteró que padecía de cáncer y prefirió continuar con su embarazo, arriesgando su vida para salvar la de su hija. Santa Giana Beretta fue canonizada por el Papa Juan Pablo II el 16 de abril de 2004.



Invitada especial


Teniendo en cuenta la cercanía de Sor Virginia con Gianna, y siendo ella una representante de la defensa de la vida, los organizadores del 2º Congreso Internacional de Familia decidieron invitarla para que de su testimonio a favor de la vida humana y de la familia. Según los organizadores, la participación de Sor Virginia esta prevista como cierre especial del evento.


Sor Virginia Beretta, nacida en Bérgamo (Italia) el 6 de agosto de 1925, fue la hermana menor por años de Santa Gianna Beretta Molla y la undécima de trece hermanos.


Al contar la historia sobre su infancia, Sor Virginia dice que "habiendo volado al Cielo en muy tierna edad nuestras dos últimas hermanitas, en la práctica Gianna y yo quedamos como las dos más pequeñas, y entre nosotras dos siempre hubo una relación del todo particular".


"Gianna fue siempre para mí la compañera de juegos y de estudios, hasta que conseguimos las dos el título en Medicina y Cirugía en la Universidad de Pavia, el año 1950, que logramos para satisfacer el deseo de nuestro padre que quería que todos tuviéramos estudios superiores", agregó.


La religiosa recordó que "con Gianna he compartido alegrías y dolores, los compromisos de apostolado en la Ciudad de Magenta donde vivíamos, en la Acción Católica y en las Conferencias de San Vicente de Paúl (dedicadas a la caridad) hasta que, completados los estudios, yo respondí al llamado del Señor de consagrarme a Él, ingresando al Instituto de las Madres Canosianas".


La religiosa relató que "después de la profesión de votos perpetuos, partí como misionera para la India, desde donde, de forma inesperada y providencial, el Señor me hizo regresar a Italia a tiempo para alcanzar a Gianna, justo cuatro días antes que ella muriera. Pude así asistirla y confortarla en esos momentos tan dolorosos y preciosos a los ojos de Dios, y de esos momentos guardo un recuerdo muy vivo".



martes, 12 de enero de 2010

LA MUJER SACERDOTAL O EL SACERDOCIO DEL CORAZÓN - Jo Croissant

LA MUJER SACERDOTAL O EL SACERDOCIO DEL CORAZÓN
Jo Croissant
Lumen, Buenos Aires 2004


Es un libro que no tiene desperdicio, escrito por una mujer inteligente que ha sabido penetrar con la luz de la fe el misterio de la femineidad.

La A. es esposa de Efraín Croissant, fundador de la Comunidad de las Bienaventuranzas, asociación internacional de fieles de derecho pontificio. Se casó con él cuando Efraín era pastor protestante; cuatro años más tarde él se convertía a la Iglesia Católica.

En un mundo marcado por la polémica del feminismo radical, un título como el que lleva el libro -el original francés es el mismo- levantaría sospechas de encontrarnos ante una reivindicación del sacerdocio femenino. La A. es una guía segura en este tema y no se ha dejado seducir por un feminismo falsificado. La tesis de fondo -el libro es un delicado y profundo estudio de la verdadera femineidad- es que la mujer no puede ser sacerdote ministerial 'porque el presbítero representa a Cristo y es llamado a actuar 'in persona Christi', en la persona misma de Cristo, y a perpetuar en la Misa el sacrificio de Cristo ofreciéndolo a Dios en nombre de todo el pueblo' (p. 151); pero 'la mujer con toda la Iglesia se une a Cristo en este sacrificio. Con Él, la Iglesia es también sacerdote y víctima, ofreciéndose toda ella con Jesús' (p. 151-152). Por eso habla de sacerdocio del corazón (la forma propia en que la mujer ejerce el sacerdocio de los fieles). Para Jo Croissant la mujer es 'sacerdotal por naturaleza' en el sentido de ejercer una 'mediación' salvífica respecto de aquellos a quienes ella transmite la vida y la madurez (esposo, hijos o a quienes se ha consagrado por vocación religiosa). Es una asociación a la obra redentora de Cristo por medio de su santificación personal que en la mujer adquiere un carácter singularmente oblativo y sacrificial; ella tiene vocación a la inmolación, a ser víctima, a entregarse. 'Está naturalmente dispuesta al 'sacerdocio del corazón' porque el espíritu de sacrificio, tan natural en ella, es parte integrante del espíritu sacerdotal' (p. 153).

La A. busca con este estudio 'que el hombre y la mujer se reconcilien con su propia identidad' (p. 8). Ella lo trata particularmente de la mujer. Los movimientos feministas -falsamente defensores de la dignidad femenina- no han hecho otra cosa que sumergir a la mujer en una profunda confusión e inseguridad de sí misma, dándole una imagen falsa y desfigurada de sí misma. A muchas mujeres, escribe Croissant, 'las he encontrado perdidas, desamparadas (...) han perdido la identidad (...) ignoran cómo situarse con respecto al varón y cuál podría ser su misión' (p. 13). 'Al creer que tiene que liberarse de la dominación del hombre, ella ha asumido esquemas masculinos en detrimento de su femineidad, separándose así de su naturaleza profunda. Se ha encontrado entonces más sola y vulnerable, en situaciones complicadas que la sumen frecuentemente en una profunda angustia' (p. 17).

Para que la mujer pueda redescubrir su profunda identidad de mujer, Croissant considera que la mujer debe hacer propio el itinerario de descubrirse como 'hija de Dios', como 'esposa' y como 'madre'. Ante todo, redescubrirse como 'hija de Dios'; 'esta filiación es la única que nos puede liberar de todos nuestros complejos, y llevarnos a actuar sin depender de nuestras antiguas heridas, llegando a ser auténticamente libres'. En segundo lugar como 'esposa'; la dignidad de la mujer está íntimamente ligada al amor que recibe en razón de su femineidad y, por otra parte, al amor que ella misma intercambia. Es esa dimensión de esposa que no siempre es fácil descubrir. Es natural comprender que se es hija y que se es madre, es decir, una relación en la que una mujer se encuentra por encima o por debajo de otro ser. Pero es mucho más complicado estar ante el otro, sin miedo, sin vergüenza, con la conciencia de saber quién se es, sin sentirse amenazado o aplastado y sin aplastar al otro. La plenitud del hombre, al igual que la mujer, consiste en llegar a ser esposo, redescubrir el cara a cara, condición para una relación justa, desinteresada, realizadora, fecunda. Finalmente, al ser plenamente esposa, la mujer se convierte plenamente en madre; la A. señala que no hay maternidad sin desposorio, sin una unión en el don de sí y en la acogida del otro. El poder llevar en su propio seno al hijo, participando de una manera tan íntima en la Creación, entregando su propia carne y su propia sangre es una gracia extraordinaria concedida a la mujer. Todo su ser está concebido en función de su vocación a la maternidad. Al querer imponer a la mujer modelos machistas se acaba amputando gravemente en la mujer las dimensiones más inconscientes de su ser.

Es interesante que la A. afirme que 'el mundo moderno está desestabilizado completamente porque la mujer no sabe quién es y, más que nunca, se cuestiona sobre su identidad y misión' (p. 17). Uno de los errores de las reivindicaciones feministas fue el de situar la liberación de la mujer únicamente en su relación con el hombre, y el de ofrecerle únicamente como única alternativa la de someterse o dominarle. La única manera para no entrar en esta relación de fuerzas es la de plantear de manera adecuada su relación con el hombre, es decir, planteando la relación de la mujer con Dios. La mirada cariñosa de Dios sobre las mujeres las reconcilia con ellas mismas y restaura en ellas su imagen.

De que la mujer recupere el papel que Dios le ha dado en su Obra depende el futuro de la humanidad, porque depende el futuro de la vida -ella es 'madre de los vivientes', Eva-. Ante una 'sociedad andrógina' (p. 22) -creadora de un monstruoso varón/hembra, igualitario e indiferenciado no solo en su dignidad sino ya en su naturaleza y misión- la mujer debe entender su maravillosa misión -don de Dios-, que pasa por comprender en todas sus dimensiones su vocación de Hija de Dios, Esposa y Madre (lo que vale tanto en el orden físico como en el espiritual; para la vocación conyugal como para la virginal).

Así como por María entra Dios al mundo, así la mujer es un punto de partida en la obra de la salvación de muchos seres humanos. Como explica la A.: 'Hay entre la mujer y Dios como una connivencia, una complicidad. Ella participa en el nacimiento del hombre, en el nacimiento de la humanidad, uniéndose a Dios. Por el 'Sí' de María, la salvación entró en el mundo. Por el 'Sí' de la mujer, el mundo será salvado. Ella precede al hombre en la comprensión de los misterios divinos, y por la recepción del Verbo, da a luz al Reino. Ella muestra el camino. Por eso, por su misión específica en el plan de Dios, la mujer debe cambiar primero ' (p. 75).

La conversión de la mujer es aurora de la conversión de los demás hombres. Por eso el demonio ha puesto tanto énfasis en la destrucción de la mujer -es decir, de la auténtica femineidad quitando las auténticas diferencias entre varón y mujer, atacando el matrimonio y la familia tradicional, esterilizando la maternidad, burlando la virginidad. 'El Maligno es mucho más celoso de la mujer que del varón porque ella tiene la misión de ser vida, de dar la vida, de dar a luz y por eso participar íntimamente en el plan de Dios. La serpiente sabe que para estar contra el plan de Dios, debe atacar a la mujer y disminuir su capacidad de dar vida' (p. 102).

Estos son algunos de los temas de este libro, cuya aparición hay que aplaudir.



miércoles, 23 de diciembre de 2009

Navidad - Alejandro Fernández

Navidad
Alejandro Fernández


Ha nacido en un portal de Belén
El Niño Dios.
Yo quisiera poner a tus pies
Algún presente que te agrade Señor
Más tu ya sabes que soy pobre también...

Video: El niño del tambor - Alejandro Fernández
(Original: "Carol of the Drum" - Katherine K. Davis)





¡Muy feliz Navidad!
Y que Cristo renazca en los corazones, en las familias y en la sociedad.



sábado, 5 de diciembre de 2009

martes, 24 de noviembre de 2009

Otro inocente asesinado en "democracia" - Mónica del Río

OTRO INOCENTE ASESINADO EN "DEMOCRACIA”
Mónica del Río



Se practicó el aborto en el Hospital Materno-Infantil de Tigre que dirige Lionel Cracco. El profesional dijo que una junta especial evaluó la salud integral (física, psíquica y social) de la menor antes de tomar la decisión.

La niña de 10 años con retraso madurativo, que estaba embarazada de 11 semanas, era violada desde hacía tiempo por su padrastro. Al saber que estaba embarazada su mamá solicitó el aborto amparándose en el art. 86 del Código Penal.

Mientras los medios de comunicación siguen erotizando a la población y los violadores caminan por la calle; crece la lista de inocentes asesinados en "democracia”, sin nombre ni tumba.


Los casos anteriores

8 julio de 2005: después de que la Suprema Corte de Justicia de la provincia de Buenos Aires les diera “permiso para matar”, los médicos del Hospital Evita de Lanús, practicaron el aborto a una mujer que sufría una miocardiopatía dilatada. El Hospital Universitario Austral ofreció en ese momento infraestructura y especialistas, para intentar salvar las dos vidas, otros ofrecieron subsidios para madre e hijo y varios matrimonios solicitaron la adopción. Todo fue rechazado, se asesinó al bebé, un inocente de más de 5 meses de gestación.

19 de agosto de 2006: se practicó el aborto a la discapacitada de Guernica que por entonces tenía 19 años y cinco meses de embarazo, una vez más la Suprema Corte de Justicia de la provincia de Buenos Aires había dado “permiso para matar”. El crimen se consumó en una clínica privada de La Plata -con el apoyo de la “Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito” según declaró en ese momento a los medios la ya fallecida activista abortista Dora Coledesky- porque el Hospital San Martín de esa ciudad se negó finalmente a realizar la intervención por lo avanzado del embarazo.

24 de agosto de 2006: En la madrugada y tras haber obtenido, de la Suprema Corte de Justicia de la provincia de Mendoza, el “permiso para matar”; se asesinó al bebé en un hospital público de esa provincia. La gestante, de 25 años, había sido violada por el concubino de su hermana que vivía bajo el mismo techo. Se volvieron a rechazar los ofrecimientos (adopción, subsidios…) que intentaban salvar ambas vidas. El resultado: otro inocente aniquilado.

22 de septiembre de 2007: El bebé en gestación de Paraná, producto de una violación a una discapacitada mental, fue asesinado en Mar del Plata.

El Superior Tribunal de Entre Ríos había dado “permiso para matar”, pero una cosa es dictar la pena de muerte y otra ejecutarla. Los médicos del Materno Infantil de Paraná se negaron por unanimidad a practicar el aborto. Declaró el Dr. Cati, director del hospital: tras la microcesárea “el médico recibe un feto vivo, cuyo corazón late, que mueve sus miembros. Usted qué hace: ¿lo tira a la chata y deja que se muera o llama a un pediatra? Ningún médico quiere enfrentar esa situación” (Página 12, 22/09/2007).

Pero el Gobierno de Néstor Kirchner no escatimó esfuerzos hasta encontrar al verdugo. Sus funcionarios se ocuparon del caso. El INADI, acompañó a la joven mamá a Mar del Plata mientras el por entonces Ministro de Salud de la Nación, Ginés González García, hacía las gestiones para que en el Materno Infantil de esa ciudad, que dirigía Hugo Casarca, se asesinara brutalmente al bebé.

1 de octubre de 2008: en el Hospital Penna de Bahía Blanca asesinaron al hijo de una joven de 18 años con discapacidad mental que vivía en el Patronato de la Infancia, violada durante una de las salidas. El bebé tenía más de 10 semanas de gestación.

El director del Hospital, Alberto Taranto, decidió practicar el aborto tras consultar con una comisión interdisciplinaria que no incluyó objetores de conciencia. La comisión acordó la realización del aborto porque entendió que la Resolución 304/2007 los eximía de sanciones penales y les otorgaba “permiso para matar”.

La adolescente fue internada inmediatamente pero ante el pedido de adopción del bebé, el juez Jorge Longás dictó una medida cautelar que suspendió el aborto; horas después, los otros dos integrantes del Tribunal de Familia, Edgardo Manassero y Patricia Marenoni revocaron la suspensión, dando luz verde al abominable crimen.

4 de febrero de 2009: en el hospital Ramón Castillo de Santiago del Estero, asesinaron a un bebé de 4 meses de gestación producto de una violación a una joven discapacitada. El aborto fue solicitado por una hermana de 28 años, a la que la juez Mónica Bravo Mayuli designó como representante legal de la joven. El Dr Luciano Paván se había ofreció a adoptar al bebé, pero una vez más se optó por asesinarlo.

18 de mayo de 2009: en el Hospital Artémides Zatti de Viedma, Río Negro, asesinaron a un bebé de 14 semanas de gestación. El aborto fue solicitado por los padres de una nena de 13 años embarazada tras una violación. El violador sería el concubino de su abuela de 64 años que venía abusando de la nena desde hacía un año. La práctica se realizó el mismo día en que la autorizó la Sala B de la Cámara en lo Criminal de Río Negro. La Defensora de Menores apeló en tiempo y forma, pero al bebé ya lo habían matado. El director del hospital, Gonzalo Toundaian, que pidió la actuación de la justicia porque “no se encontraba autorizado legalmente para llevar adelante la práctica”, no esperó la 48 hs necesarias para que el fallo quede firme.


Fuente: NOTIVIDA, Año IX, Nº 639, 20 de noviembre de 2009




jueves, 29 de octubre de 2009

Las enfermedades mentales según los Padres de la Iglesia - Reseña del libro de Jean-Claude Larchet

Las enfermedades mentales según los Padres de la Iglesia
Reseña del libro "Terapia de enfermedades mentales. Experiencia del Oriente cristiano en los primeros siglos" de Jean-Claude Larchet
Martín F. Echavarría


Hace varios años escribí una recensión del libro "Théapeutique des maladies mentales", que pongo a continuación, con alguna modificación. Lamentablemente, esta, como las demás obras del mismo autor, aún no ha sido publicada en castellano.


Jean-Claude Larchet,
Terapia de enfermedades mentales.
Experiencia del Oriente cristiano en los primeros siglos.
Les Éditions du Cerf, Paris 1992, pp. 181


El autor de este interesante libro, Jean Claude-Larchet, Doctor en Filosofía y en Teología, y antigüo profesor de teología en Estrasburgo, es un cristiano ortodoxo francés, especialista en patrística oriental y, en particular, en el tema de la relación entre enfermedad y fe cristiana. De hecho, la obra que aquí reseñamos es la última de una trilogía dedicada al tema de la enfermedad. La han precedido Theologie de la maladie (Éd. du Cerf, Paris 1991) y Thérapeutique des maladies spirituelles (Éd. de l'Ancre, Paris 1991, reeditada después por Éd. du Cerf). En el libro que nos ocupa, Larchet intenta presentar de modo sistemático la concepción de los Padres de oriente acerca de la enfermedad mental, mostrando su actualidad y refutando algunos prejuicios con que muchos autores contemporáneos, en particular psiquiatras y psicólogos, se refieren a los mismos (por ejemplo, en el tema de enfermedad mental y posesión diabólica).

Para lograr estos objetivos, el autor hace amplias referencias a la psicopatología contemporánea, de cuyos temas y autores se muestra serio conocedor. Criticando la aproximación cientificista y reduccionista a la enfermedad mental, el autor valoriza sin embargo algunas corrientes que han llamado la atención sobre la dimensión espiritual del hombre, citando en particular a Frankl, Caruso, Daim y Jung (p.20, nota 22). Larchet se refiere a las ambigüedades del concepto de “enfermedad mental”, puestas de manifiesto por autores como Foucault y la corriente de antipsiquiatría, y considera que bajo tal denominación se ocultan realidades diversas (p.11). Además, las clasificaciones nosológicas en curso en general son puramente descriptivas, mientras que la causa de tales trastornos puede ser diversa. Y es en base a la causa que conviene hacer una clasificación que permita un diagnóstico y una terapéutica eficaces.

Tres son las principales causas que el autor, siguiendo a los Padres, distingue, aclarando que a menudo pueden converger: 1) una primera categoría de trastornos mentales, son enfermedades en sentido estricto, es decir, con causa orgánica; 2) una segunda, no menos importante, es la causa diabólica, que Larchet defiende contra la impugnación moderna; 3) finalmente, el autor habla de una causa espiritual, que son los vicios, y que correspondería a la mayor parte de las neurosis de la psicopatología actual (pp.14-20). En base a esta triple causalidad el autor organiza el libro: luego de un claro capítulo dedicado a la antropología de los Padres (pp.25-42), que sirve de base a su psicopatología, siguen tres capítulos dedicados a cada una de las tres causas, orgánica (43-52), diabólica (53-96) y espiritual (97-132). Finalmente, un último capítulo se refiere a los “locos por Cristo”, ascetas que fingían la locura como medio de santificación (133-168).

En el primer capítulo (Prémises anthropologiques: le composé humain) Larchet pone como fundamento la concepción del hombre como compuesto de alma y cuerpo. “l'âme n'est pas l'homme, écrit saint Justin, mais âme d'homme; le corps n'est pas l'homme, mais corps d'homme” (p.26). Sin embargo, el alma humana (nous) de algún modo trasciende el cuerpo. La triple distinción paulina espíritu, alma y cuerpo, no supone una diferencia sustancial entre los dos primeros: “Les Pères, qui utilisent fréquemment la représentation dichotomiste âme-corps, comprenant dans l'unique notion d'âme (psukhè) tous ses éléments, manifestent clairement ainsi leur sens de l'unité profonde de l'âme. En recourant en d'autres occasions à la représentation trichotomiste esprit/intellect-âme-corps, ils cherchent plus particulièrement à mettre en valeur la fonction d'union à Dieu qui est dans l'homme” (pp.38-39). En el espíritu brilla la imagen de Dios y se recibe la gracia que deifica al hombre haciéndolo adquirir la semejanza divina (p.38). El texto de Gregorio Palamas citado al final del capítulo nos parece algo oscuro (pp.41-42).

“La folie d'origine somatique” es el segundo capítulo. En él, el autor defiende a los Padres de la acusación de demonizar toda enfermedad mental. Por el contrario, muchos de entre ellos fueron grandes conocedores de la medicina de su tiempo, y no ignoraron que muchos trastornos mentales tienen como causa un desorden orgánico. Sin embargo, “les troubles psychiques qui se révèlent en ces cas ne sont donc des troubles de l'âme que d'un point de vue extérieur. La folie, qui en certaines de ces formes donne son nom à ces troubles, n'est pas ici à proprement parler maladie de l'âme mais du corps” (p.48). Pero el rol causativo del cuerpo debe ser probado, pues que el cuerpo intervenga en la afección habla de la unidad substancial del hombre, no necesariamente de una causa somática (pp.49-50). En caso de causa somática probada, es el médico en sentido estricto (“médico del cuerpo”) quien debe intervenir.

El tercero es un largo capítulo dedicado al origen diabólico de algunos trastornos mentales. Resumimos aquí su contenido. En primer lugar, no toda enfermedad mental tiene causa demoníaca en la visión de los Padres. Sin embargo, muchas enfermedades con causa orgánica pueden ser también causadas por el demonio, simplemente porque el demonio influye la mayor parte de las veces a través de la inmutación corporal. “Les démons, en effet, agissent souvent sur l'âme par l'ntermédiaire du corps, car c'est ce dernier qui leur est le plus facilement et plus immédiatement accessible. Ils utilisent alors les lois ordinaires du monde physique, les mêmes qui peuvent entrer en jeu dans d'autres étiologies, nottment purement physiologiques” (pp.56-57). El autor señala que la posesión diabólica no necesariamente va acompañada de una aceptación por parte de quien la padece. Para muchos es la única forma extrema para ser purificados de sus pecados (p.65). Por otro lado, toda persona dominada por sus pasiones, está, de alguna manera, en poder del demonio (p.63). La afirmación de que el demonio puede penetrar en la profundidad del alma de algunas personas (p.64), nos parece poco clara, y merecería algunas aclaraciones, pues sólo el Creador llega hasta lo más profundo de las creaturas. Por ello el modo de habitar de Dios (natural y por gracia) es muy diverso de la habitación violenta del demonio. Finalmente, el autor pone de manifiesto la actitud de caridad cristiana manifestada por los santos Padres hacia los posesos, y señala como remedio principal el ayuno y la oración, acompañado de otros secundarios, como el reposo y el silencio.

El cuarto capítulo, “la folie d'origine spirituelle”, se refiere al desorden pasional, a los vicios. Se trata de una disfunción del psiquismo, con causa en el psiquismo mismo. Es una perversión de la naturaleza en la relación del hombre con Dios (p.97). “Pour les Pères une part importante des désordres que nous considérons aujourd'hui comme purement psychiques relèvent en fait du domaine spirituel” (p.98). Si bien es difícil establecer una correlación estricta entre la “nosografía de los Padres” y la “nosografía actual”, la correlación entre síntomas es mucho más fácil que entre síndromes (pp.98-99). A la pasión del orgullo se pueden reconducir algunos de los trastornos de la psicopatología actual caracterizados por la “sobrevalorización” o “hipertrofia del yo”, así la psicosis paranoica y la neurosis histérica. El “narcisismo” de Freud correspondería a la “filautía”. La astenia, sería reconducible a la “acidia”, lo mismo que muchos síntomas depresivos, como también a la pasión de la tristeza, etc. (pp.99-100). A continuación, el autor se ocupa especialmente de la tristeza y de la acidia, remitiendo a su libro sobre las “maladies spirituelles” (muy serio y documentado), para una profundización en el tema.

Por motivos de brevedad, dejamos de lado el comentario del quinto capítulo (Une forme singulière de folie: la folie pour le Christ), de gran interés sin embargo, y pasamos a las conclusiones. Si bien el libro nos parecería más rico integrando la tradición oriental y la occidental (que forman una sola Tradición), y a pesar de algunas oscuridades que hemos señalado, nos parece en balance de enorme valor, y constituye uno de los pocos que afronta el tema de la enfermedad mental en todas sus dimensiones desde un punto de vista cristiano serio y valiente. Auguramos que muchas de sus afirmaciones pasen a ser patrimonio común de los psicólogos cristianos, y expresamos el deseo de que surjan más obras que completen la deficiente bibliografía que lamentablemente todavía subsiste en campo católico sobre estos temas. Un último valor que queremos aquí señalar de este libro es un importante índice bibliográfico de doce páginas.

* * *


Datos sobre el autor del libro:
Jean-Claude Larchet. Nacido en 1949. Casado y con un hijo. Convertido a la ortodoxia a los 21 años. Doctor en Filosofía y en Teología. Ex-profesor de Filosofía en Forbach (Moselle) y en la Universidad de Estrasburgo. Especialista en Teología Patrística, y en la relación entre la salud, la enfermedad y la curación según la tradición cristiana oriental. Entre sus obras podemos nombrar: Théologie de la maladie, Cerf, Paris, 1991; 1994, II ed.; Thérapeutique des maladies spirituelles, Cerf, Paris, 1997; La divinisation de l'homme selon saint Maxime le Confesseur, Cerf, Paris, 1996; L'inconscient spirituel, Cerf, Paris, 2005.


Datos sobre el autor de la recensión:
Martín F. Echavarría. Doctor en Filosofía (UPRA, Roma, 2004); Licenciado en Filosofía (UCA, Buenos Aires, 1999); Licenciado en Psicología (UCA, Buenos Aires, 1997); Vicedecano de Psicología de la Universitat Abat Oliba CEU (UAO, Barcelona, España); Profesor de Historia de la Psicología y de Psicología de la Personalidad (UAO); Profesor de la Diplomatura de Estudios Tomistas del Instituto Santo Tomás de la Fundación Balmesiana (Barcelona).








martes, 6 de octubre de 2009

Canción DAV por el Derecho a Vivir

Canción DAV por el Derecho a Vivir


Todos el 17 de Octubre en la Puerta del SOL, a las 17:00 por la VIDA, la MUJER y la MATERNIDAD. ¡¡¡¡¡¡VEN!!!!!



Creo que pronto tendremos que pensar en hacer esto en nuestra vapuleada Patria Argentina.




martes, 15 de septiembre de 2009

El matrimonio ayer y hoy

El matrimonio ayer y hoy

Un documento que brinda a los esposos la oportunidad de vivir un matrimonio más profundo y fecundo.

Cuando algo anda mal en el mundo, decía el extraordinario sentido común de Chesterton, es que la Iglesia tiene razón. Quien lea detenidamente la Encíclica Humanae vitae del Papa Pablo VI, verá cómo y por qué muchas cosas acontecidas en el mundo a lo largo de los 30 últimos años, estaban anunciadas en aquel documento, como el Arzobispo de Denver, con meridiana claridad anglosajona, expone en una carta pastoral, de la que, por razones de espacio, sólo podemos transcribir poco más de la mitad. No era menester bola de cristal, porque la experiencia enseña que no es bueno traicionar la naturaleza, ya que, una vez puestas ciertas causas, se siguen de modo irremediable previsibles efectos.


CARTA PASTORAL DE MONS. CHAPUT, ARZOBISPO DE DENVER, En el 30º aniversario de la Enciclica Humanae Vitae

Hace treinta años, el Papa Pablo VI publicó la carta encíclica Humanae vitae, reafirmando la enseñanza constante de la Iglesia sobre la regulación de la natalidad. Se trata, seguramente, de la intervención papal más mal entendida de este siglo. Fue la chispa que dio inicio a tres décadas de duda y disenso entre muchos católicos, sobre todo en los países desarrollados. Sin embargo, con el paso del tiempo, ha resultado profética. Enseña la verdad. Por consiguiente, la finalidad de esta carta pastoral es sencilla. Creo que el mensaje de la Humanae vitae no es una carga sino una fuente de alegría. Creo que la encíclica brinda a los esposos la oportunidad de vivir un matrimonio más profundo y fecundo. Por eso, lo que pido a las familias de nuestra Iglesia local no es un respetuoso gesto de asentimiento ante este documento que los críticos desechan considerándolo irrevelante, sino un esfuerzo activo y constante de estudiar la Humanae vitae, de enseñarla fielmente en nuestras parroquias y de animar a los esposos a vivirla.


TIPOS DE ADICCIÓN Y CONTRADICCIÓN

Tarde o temprano, todo pastor tiene que dar consejos a alguien que lucha contra alguna forma de adicción. De ordinario el problema suele ser del alcohol o las drogas. Y normalmente el escenario es el mismo. El adicto admite que tiene un problema, pero afirma que no es capaz de resolverlo. O no reconoce que tiene un problema, aunque la adicción esté destruyendo su salud y arruinando su trabajo y su familia. Por muchos razonamientos que haga el pastor, por más verdaderos y persuasivos que sean sus argumentos, y por más que la situación represente un peligro para su vida, el adicto sencillamente no logra comprender, o no puede poner en práctica, el consejo. La adicción, como un grueso panel de vidrio, separa al adicto de cualquier persona que podría ayudarle. Un modo de comprender la Humanae vitae consiste en examinar la historia de las últimas tres décadas a través de esta comparación con la adicción. Creo que si al mundo industrializado le resulta difícil aceptar esta encíclica, no es por algún defecto en el razonamiento de Pablo VI, sino más bien por las adicciones y contradicciones en que ha caído, precisamente tal como había advertido el Santo Padre. Al presentar su encíclica, Pablo VI puso en guardia frente a cuatro problemas principales (cfr. n. 17) que surgirían si no se aceptaba la doctrina de la Iglesia sobre la regulación de la natalidad. Ante todo, advirtió que el uso generalizado de la acticoncepción llevaría «a la infidelidad conyugal y a la degradación general de la moralidad». Y es exactamente lo que ha sucedido. Pocos se atreverían a negar que el índice de abortos, divorcios, hogares rotos, violencia sobre mujeres e hijos, enfermedades venéreas y nacimientos fuera del matrimonio, ha aumentado muchísimo desde la mitad de la década de 1960. Desde luego la píldora anticonceptiva no ha sido el único factor de este fenómeno, pero ha sido un factor importante. De hecho, la revolución cultural que comenzó en 1968, guiada, al menos en parte, por una nueva actitud ante el sexo, no hubiera se hubiera podido mantener sin un fácil acceso a una anticoncepción segura. En esto Pablo VI tuvo razón. «Liberación» del hombre y explotación de la mujer En segundo lugar, advirtió que le hombre perdería el respeto a la mujer «sin preocuparse de su equilibrio físico o psicológico», hasta el punto de considerarla «como simple instrumento de goce egoísta y no como compañera, respetada y amada». En otras palabras, según el Papa la anticoncepción podía presentarse como medio de liberación para la mujer, pero en realidad los «beneficiarios» de las píldoras y de los medios anticonceptivos serían los hombres. Tres décadas después, exactamente como había predicho Pablo VI, la anticoncepción ha «liberado» a los hombres -en un nivel sin precedentes en la historia- de la responsabilidad de sus agresiones sexuales. En ese proceso, uno de los aspectos más irónicos del debate de la pasada generación sobre la anticoncepción fue el siguiente: muchas feministas atacaron a la Iglesia católica por su presunta falta de aprecio a las mujeres, pero en la Humanae vitae la Iglesia identificó y rechazó la explotación sexual de la mujer años antes de que ese mensaje entrara a formar parte de la corriente cultural principal. Una vez más, Pablo VI tuvo razón. Arma eugenética peligrosa En tercer lugar, el Santo Padre advirtió que el uso generalizado de la anticoncepción pondría un arma peligrosa (...) en las manos de autoridades públicas despreocupadas de las exigencias morales. Como hemos podido descubrir desde entonces, la eugenética no desapareció en 1945 con las teorías raciales nazis. Las políticas de control demográfico son ahora parte integrante de casi todos los debates sobre las ayudas a los países extranjeros. La masiva exportación de anticonceptivos, de la práctica del aborto y de la esterilización desde el mundo industrializado hacia los países en vías de desarrollo -a menudo como requisito esencial para enviar ayudas en dólares, y en directa contradicción con las tradiciones morales locales- no es más que una forma más o menos encubierta de guerra contra la población y de cambio cultural. También en esto Pablo VI tenía razón. Deshumanización de la mujer En cuarto lugar, el Papa Pablo VI advirtió que la anticoncepción llevaría a los seres humanos a creer erróneamente que tienen un señorío ilimitado sobre su cuerpo, transformando inevitablemente a la persona humana en objeto de su propia fuerza intrusa. Aquí radica otro aspecto irónico: un feminismo exagerado, refugiándose en la falsa libertad que ofrecen la anticoncepción y el aborto, ha contribuido activamente a la deshumanización de la mujer. El hombre y la mujer participan de modo singular en la gloria de Dios a través de su capacidad de crear, junto con El, una nueva vida. Sin embargo en la base de la anticoncepción está la suposición de que la fertilidad es una infección que se ha de combatir y controlar de la misma manera que se ataca a las bacterias con los antibióticos. En esta actitud se pone de manifiesto también el nexo orgánico entre anticoncepción y aborto. Si la fertilidad se presenta, de forma incorrecta, como una infección que es preciso combatir, entonces es posible hacer lo mismo con una nueva vida. En ambos casos uno de los aspectos característicos de la identidad de la mujer, o sea, su capacidad de gestar una nueva vida, es presentada como una debilidad, que exige una vigilante desconfianza y un "tratamiento". La mujer se convierte en objeto de los instrumentos con los que pretende asegurar su propia liberación y defensa, mientras el hombre no comparte esa carga. Una vez más Pablo VI tenía razón. Alteración ecológica de las relaciones humanas De este último argumento del Santo Padre han resultado muchas otras cosas: la fecundación in vitro, la clonación, la manipulación genética y los experimentos sobre embriones, todos ellos derivados de la técnica anticonceptiva. En efecto, hemos subestimado, drásticamente y con ingenuidad, los efectos de la técnica no sólo sobre la sociedad, sino también sobre nuestra identidad humana interior. Como observó Neil Postman, los cambios tecnológicos no son aditivos, sino ecológicos. Una nueva tecnología importante no «añade» algo a la sociedad, sino que lo cambia todo, como una gota de tinta roja que no se queda aislada en un vaso de agua, sino que colorea y cambia todas las moléculas del líquido. Las técnicas anticonceptivas, precisamente por su impacto sobre la intimidad sexual, han trastocado nuestro modo de entender los fines de la sexualidad, de la fertilidad e incluso del matrimonio. Los ha separado de la identidad natural y orgánica de la persona humana y ha alterado la ecología de las relaciones humanas. Ha confundido nuestro vocabulario sobre el amor, precisamente como el orgullo confundió el vocabulario de Babel. Ahora debemos sufrir cada día las consecuencias (...). [Mons. Chaput lo ilustra con ejemplos gráficos de las primeras páginas de los periódicos del día]. La sociedad estadounidense se está arruinando con problemas de identidad sexual y comportamientos desviados, con la destrucción de la familia y una degeneración general de la actitud ante el carácter sagrado de la vida humana. (...): nos está matando como pueblo. Así pues, ¿qué vamos hacer al respecto? Yo quiero subrayar que, si Pablo VI tenía razón sobre tantas consecuencias derivadas de la anticoncepción, es porque tenía razón sobre la anticoncepción en sí misma. Tratando de volver a ser íntegros como personas y como pueblo de fe, debemos comenzar por volver a leer la Humanae vitae con corazón abierto. Jesús dijo que la verdad nos haría libres. La Humanae vitae tiene mucha verdad. Es, por lo tanto, una clave para nuestra libertad.


EXPLICAR BIEN LA VERDAD DE LA HUMANAE VITAE (...)

Los deberes y responsabilidades de la vida matrimonial son numerosos y también serios. Deben ser previamente consideramos con esmero y en oración. Sin embargo, pocas parejas entienden su amor desde el punto de vista de la teología tradicional. Más bien, "se enamoran" (literalmente: "caen en amor", "they fall in love"). Es el vocabulario que usan, sencillo y revelador. Estas personas se rinden una a otra. Caen una en otra para poseerse plenamente. Y esto está bien. En el amor conyugal, Dios desea que los cónyuges encuentren gozo y placer, esperanza y vida abundante, uno en otro y uno a través del otro, de modo que el marido y la mujer, sus hijos y cuantos los conocen, pueden ser estrechados más profundamente en el abrazo de Dios. ¿De dónde vienen los niños? En consecuencia, al presentar la naturaleza del matrimonio cristiano a una nueva generación, debemos expresar las plenas satisfacciones que ofrece, al menos tan bien como sus deberes. La actitud católica frente a la sexualidad de ninguna manera es puritana, represiva o anticarnal. Dios creó el mundo y modeló a la persona humana a su imagen. Por lo tanto, el cuerpo es bueno. En efecto, para mí ha sido a menudo motivo de gran hilaridad escuchar de incógnito a personas que se lamentaban de la presunta represión de la sexualidad en la doctrina moral católica y, a la vez, del número excesivo de miembros de muchas buenas familias católicas (podíamos preguntarles: ¿de dónde creen que vienen los niños?). El matrimonio católico, justamente como Jesús mismo, no tiene nada que ver con la escasez, sino con la abundancia. No tiene nada que ver con la esterilidad, sino más bien con la fecundidad, que brota del amor unitivo y procreador. El amor conyugal de los católicos implica siempre la posibilidad de nueva vida y, precisamente por esto, libera de la soledad y asegura el futuro. Y, dado que asegura el futuro, se convierte en un crisol de esperanza en un mundo propenso a la desesperación. En efecto, el matrimonio católico es atractivo porque es auténtico. Está diseñado para creaturas como nosotros, hechos para la comunión. Los esposos se completan mutuamente. Cuando Dios une a un hombre y a una mujer en el matrimonio, crean, junto con El, una nueva totalidad: una pertenencia tan real, tan concreta, que una nueva vida, un hijo, es su expresión natural y su sello. Esto es lo que quiere decir la Iglesia cuando enseña que el amor conyugal católico es, por su naturaleza, tanto unitivo como procreador, y no sólo unitivo o procreador. Pero, ¿por qué los esposos no pueden simplemente elegir el aspecto unitivo del matrimonio y bloquear temporalmente, o incluso evitar permanentemente, su aspecto procreador? La respuesta es tan sencilla y radical como el Evangelio. Cuando los esposos se entregan honesta e integramente uno al otro, como la naturaleza del amor conyugal implica e incluso exige, este acto debe incluir todo su ser, y la parte más íntima y poderosa de cada persona es su fertilidad. La anticoncepción no sólo niega esta fertilidad y atenta contra la procreación, sino que, al hacer esto, necesariamente daña también la unidad. Es como si los esposos dijeran: Te daré todo mi ser, excepto mi fertilidad; aceptaré todo tu ser, excepto tu fertilidad. Este negarse, inevitablemente aisla y divide a los esposos, y deshace la santa amistad que los une..., tal vez no inmediata y abiertamente, pero sí de forma profunda y, a largo plazo, a menudo de modo fatal para el matrimonio (...). Mi oración es sencilla: que el Señor nos conceda la sabiduría para reconocer el gran tesoro que se encierra en nuestra doctrina sobre el amor conyugal y sobre la sexualidad humana, la fe, la alegría y la perseverancia para vivirla en nuestras familias y el valor, que Pablo VI tuvo, para predicarla de nuevo.


MONS. CHAPUT, ARZOBISPO DE DENVER
Denver, 22 de julio de 1998


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