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viernes, 10 de septiembre de 2010

La Iglesia necesita hoy mujeres santas, asegura Benedicto XVI

La Iglesia necesita hoy mujeres santas, asegura Benedicto XVI
Y teólogas, subraya, al recordar la figura de santa Hildegarda de Bingen


CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 8 de septiembre de 2010 (ZENIT.org).- Benedicto XVI constató este miércoles que la Iglesia necesita en estos momentos mujeres santas, así como la contribución de teólogas, al recordar la figura de santa Hildegarda de Bingen, mística, teóloga, y música alemana de la Edad Media.

Continuando en la audiencia general por segunda semana consecutiva con el recuerdo de esa mujer excepcional, que se convirtió en consejera espiritual de los grandes de su época y de comunidades religiosas (Cf. ZENIT, 1 de septiembre de 2010), el pontífice alentó a las teólogas a ofrecer a la Iglesia la contribución propia de su sensibilidad.

"Invoquemos siempre al Espíritu Santo para que suscite en la Iglesia mujeres santas y valientes, como santa Hildegarda de Bingen, que apreciando los dones recibidos de Dios, aporten su preciosa y peculiar contribución para el crecimiento espiritual de nuestras comunidades y de la Iglesia en nuestro tiempo", deseó el pontífice en el encuentro con los peregrinos.

Al dirigirse a los miles de peregrinos congregados en el Aula Pablo VI, en el segundo episodio de una nueva serie de catequesis que ofrecerá sobre grandes mujeres de la historia de la Iglesia, el Santo Padre hizo un repaso de las visiones místicas de esa abadesa y escritora, fallecida en 1179.

"Con los rasgos característicos de la sensibilidad femenina, Hildegarda, en la parte central de su obra, desarrolla el tema del matrimonio místico entre Dios y la humanidad realizado en la Encarnación. En el árbol de la Cruz se realizan las bodas del Hijo de Dios con la Iglesia, su esposa, llena de gracias y que ha recibido la gracia de ser capaz de dar a Dios nuevos hijos, en el amor del Espíritu Santo", evocó.

"Vemos ya cómo también la teología puede recibir una contribución peculiar de las mujeres, porque son capaces de hablar de Dios y de los misterios de la fe con su inteligencia y sensibilidad propias", aseguró el Papa teólogo.

Y añadió: "Aliento por este motivo a todas aquellas que desempeñan este servicio a realizarlo con profundo espíritu eclesial, alimentando la propia reflexión con la oración y teniendo en cuenta la gran riqueza, aún en parte inexplorada, de la tradición mística medieval, sobre todo la representada por modelos luminosos, como Hildegarda de Bingen".

Por último, el Papa recordó la labor de Hildegarda ante la corriente herética de los cátaros, su nombre quería decir "puros", que "propugnaban una reforma radical de la Iglesia, sobre todo para combatir los abusos del clero".

"Ella les reprendió con fuerza por querer subvertir la naturaleza misma de la Iglesia, recordándoles que una verdadera renovación de la comunidad eclesial no se consigue tanto con el cambio de las estructuras, como con un sincero espíritu de penitencia y un camino de conversión. Este es un mensaje que nunca debemos olvidar", remachó.



jueves, 2 de septiembre de 2010

Benedicto XVI presenta a una santa mujer como ejemplo de obediencia y autoridad

Benedicto XVI presenta a una santa mujer como ejemplo de obediencia y autoridad


CASTEL GANDOLFO, 01 Sep. 10 (ACI).- El Papa Benedicto XVI reflexionó en su habitual catequesis de la audiencia general de los miércoles sobre la religiosa Santa Hildegarda de Bingen, una abadesa medieval que ejerció el ministerio de la autoridad con sabiduría y mostró siempre una obediencia total a la autoridad eclesiástica.

Santa Hildegarda de Bingen (1098-1179), llamada la "profetisa teutónica", era hija de una familia noble y numerosa que la entregó al servicio de Dios. Primero como religiosa, luego como abadesa y finalmente como mística, la santa siempre supo vivir la humildad, obediencia y autoridad.

"Este es el signo de una experiencia auténtica del Espíritu Santo, fuente de todo carisma: la persona depositaria de dones sobrenaturales no se vanagloria jamás; no los ostenta y sobre todo demuestra una obediencia total a la autoridad eclesiástica. Todo don distribuido por el Espíritu Santo está destinado efectivamente a la edificación de la Iglesia y la Iglesia a través de sus pastores reconoce su autenticidad", explicó el Pontífice.

Tras recordar la Carta Apostólica de Juan Pablo II "Mulieres dignitatem", publicada en 1988, el Papa aseguró que santa Hildegarda fue una de las "figuras femeninas que destacaron por la santidad de su vida y la riqueza de sus enseñanzas" en el Medioevo. “Después de recibir una adecuada formación humana y cristiana por parte de la maestra Jutta de Spanheim, Hildegarda entró en el monasterio benedictino de San Disibodenberg, recibiendo el velo del obispo Otón de Bamberg”. En 1136, fue elegida superiora y llevó a cabo esta tarea "sirviéndose de sus dotes de mujer culta, espiritualmente elevada y capaz de afrontar con competencia los aspectos organizativos de la vida claustral", señaló.

Recordó que poco después, debido a las numerosas vocaciones, Hildegarda fundó otra comunidad en Bingen dedicada a San Ruperto, donde transcurrió el resto de su vida. "El estilo con que ejercía el ministerio de la autoridad es ejemplar para toda comunidad religiosa, porque suscitaba una emulación santa en la práctica del bien", explicó.

La santa empezó a dictar sus visiones místicas cuando todavía era superiora del monasterio de San Disibodenberg, a su consejero espiritual, el monje Volmar y a su secretaria, Richardis di Strade. "Como sucede siempre en la vida de los verdaderos místicos, también Hildegarda quiso someterse a la autoridad de personas sabias para discernir el origen de sus visiones, temiendo que fueran fruto de ilusiones y no procedieran de Dios".

Con este propósito habló con San Bernardo de Claraval, que la tranquilizó y alentó. Además, en 1147 recibió la crucial aprobación del Papa Eugenio III, que en el sínodo de Treveris leyó un texto de Hildegarda que le había presentado el Arzobispo de Maguncia.

"El Papa autorizó a la mística a escribir sus visiones y a hablar en público. Desde aquel momento el prestigio espiritual de Hildegarda creció cada vez más, hasta el punto de que sus contemporáneos le atribuyeron el título de «profetisa teutónica»", comentó Benedicto XVI.


Saludo a españoles

En sus saludos en español, Benedicto XVI se dirigió "al grupo de la Diócesis de Bilbao, acompañado por el Obispo electo, Mons. Mario Iceta, así como a los demás fieles provenientes de España, Chile, Argentina, México y otros países latinoamericanos".

Benedicto XVI alentó a los jóvenes a que, reanudando sus actividades acostumbradas después de las vacaciones, "difundan con su testimonio la luz de Dios en todos los ambientes".

A los enfermos, les deseó que "encuentren apoyo en Jesús, que prosigue su obra de redención en la vida de cada hombre" y a los recién casados los invitó a "impregnarse en el amor de Cristo, para que el amor que los une sea cada vez más firme y duradero".



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